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TITANIC, 100 AÑOS BAJO EL MAR
El 14 de febrero de este año se ha cumplido el 100 aniversario del hundimiento del navío que no podía hundirse, del gran Titánic. Este trágico acontecimiento se produjo cuando a las 23:40 horas, el barco chocó con un iceberg y en menos de 3 horas pasó a la historia de las tragedias.
La historia se inicia cuando en el año 1907 el Director de la White Star Line, J. Bruce Ismay y Lord James Pirrie, de la Harland & Wolff, se ponen de acuerdo para construir el barco más grande de todos los construidos hasta ese momento por la White Star Line. 3 meses antes del Titánic se finalizó la construcción de su hermano mayor: el Olympic. Posteriormente se botó el Titánic que pasó a la historia por su final más que por ser de los más grandes barcos de la historia hasta ese momento.
Este inmenso coloso fue obra del ingeniero Thomas Andrews. Tenía tanta confianza en su obra que llegó a declarar a la prensa que “ni el mismísimo Dios podría hundirlo”.
Su construcción se inició el 31 de marzo de 1909. Se instaló en el astillero Harland & Wolff la quilla 401 donde se inició la construcción del “insumergible” navío.
El Titánic tenía un peso bruto de unas 46.328 toneladas y medía 269,04 metros de largo por 28,16 metros de ancho. En sus entrañas había 9 calderas de 5 metros de ancho y 100 toneladas de peso cada una. En la parte alta del barco se pusieron 4 chimeneas (de las que casi no quedan indicios en el mar) con 22 metros de altura sobre la última cubierta. Una de las particularidades del diseño del Titánic era que en su interior se encontraban 16 compartimentos previstos para contener agua en caso de accidente y se podría mantener a flote con 4 de ellos completamente llenos. La capacidad de este gran barco entre tripulación y pasajeros era de casi 2300 personas.
El transatlántico tardó dos años en estar listo y el 31 de mayo del año 1911, se botó el barco ya terminado delante de 100.000 curiosos y se trasladó al puerto de Southampton, una ciudad del sur de Inglaterra que ya en esa época era uno de sus principales puertos.
El Titánic era ante todo una obra de ingeniería humana enorme y un proyecto de gran lujo para aquellos que podían pagarse un billete de 1ª clase. Pero a medida que se bajaba a las profundidades del barco se encontraban la 2ª y la 3ª clase, o lo que es lo mismo, había camarotes tan grandes como el más pequeño cuarto de escobas de la 1ª clase.
El transatlántico tenía gimnasio, piscinas, saunas, canchas de squash, barberías, cuartos oscuros para los fotógrafos, perreras y ascensores. Contaba también con 28 salas y suites para los pasajeros que lo precisaran, normalmente los más adinerados.
Para el viaje inaugural del Titánic se escogió al Capitán Edward J. Smith, de 25 años de experiencia en la compañía White Star Line, que realizaría su último viaje justo antes de jubilarse con toda la gloria de semejante evento.
El Titánic emprendió su viaje hacia Nueva York el 10 de abril de 1912. Hizo 2 paradas antes de dirigirse a su fatal destino, en Cherbourg (Francia) y en Queenstown al día siguiente (suroeste de Irlanda). Finalmente se dirigía hacia Nueva York, pero nunca más llegó a tierra.
La noche del 14 de abril de 1912, el vigía del barco avistó un gran objeto oscuro en el rumbo del barco y enseguida se dio cuenta que era un iceberg. Uno de los que se estaban viendo desde hacía horas y de los que el Titánic tenía constancia. Pero ese año, las corrientes que normalmente llevan los fragmentos de hielo por otra ruta, sufrieron una desviación, lo que provocó la serie de acontecimientos y casualidades que llevaron este gran bloque de hielo justo en la ruta del gran barco. A pesar de los esfuerzos de los oficiales al mando esa noche, y de hacer maniobras de evasión para esquivar el iceberg, nada pudo evitar la colisión y exactamente a las 23:40 de la noche se produjo la herida mortal del navío.

Lo que en el primer momento pareció solo un roce, del cual algunos pasajeros no se dieron ni cuenta, se convirtió en una brecha de 75 metros de longitud en estribor. El diseñador del navío Thomas Andrews, invitado en ese viaje inaugural, supo inmediatamente que el Titánic se estaba hundiendo precisamente debido a que 5 de los 16 compartimentos preparados para acumular agua en caso de necesidad, estaban completamente inundados.
El Capitán Smith, sabiendo que su barco no tenía salvación, ordenó que pasajeros y tripulación abandonasen el barco ante el inminente final. Pero no había suficientes botes salvavidas pues la regulación Inglesa “sugería” que los navíos llevasen 16 botes por cada 10.000 toneladas, pero no obligaba. El Titánic superaba las 50.000 toneladas pero por motivos estéticos se suprimieron muchos de los botes que sugerían las autoridades. Solo se pusieron 20 botes de tres tipos con los que como máximo se habrían salvado 1000 personas.
Mientras que se hundía el barco por el peso del agua que estaba llenando todos los compartimentos. Se lanzaban bengalas al cielo en busca de ayuda de cualquier barco que pasara cerca, y se emitían mensajes de socorro por radio.
El barco que más cerca se encontraba del Titánic era el Carpathia, que recibió el aviso una hora antes del hundimiento y se dirigió a todo gas al lugar del desastre.
El agua empezó a invadir todos los compartimentos y las cubiertas del Titánic y de esta manera en menos de 3 horas el barco acabó en el fondo del mar, llevándose consigo a más de 1500 personas que no pudieron salvarse.
2 horas y 40 minutos después de impactar con un iceberg, a las 2:20 del lunes 15 d abril de 1912, el Titánic se hundió llevándose la vida de unas 1500 personas, cada una de ellas con su propia historia personal y su drama. Tal vez una de las historias más comentadas, quien sabe si leyenda, es la de la orquesta del barco que no dejó de tocar en ningún momento hasta su último aliento.
Lo sucedido con el Titánic, el hundimiento y su posterior juicio, demostraron algo evidente: el hombre, en su afán por superar y domesticar a las fuerzas de la naturaleza, olvida que en realidad es perecedero. La soberbia y el orgullo de aquellos que construyeron la gran máquina de hierro no les dejó ver las posibles carencias del gran navío. La falta de botes salvavidas, los instintos casi animales en los momentos críticos del hundimiento, los pocos escrúpulos de algunos de los que sobrevivieron y el trato que recibían los pasajeros de 3ª clase que en su mayoría eran emigrantes que buscaban una nueva oportunidad para trabajar y vivir contrastaban con la opulencia del gran navío y las expectativas que se pusieron en ese barco.
El Titánic pasó en pocas horas de ser el símbolo del triunfo del hombre sobre la máquina a ser la mayor tragedia de esos tiempos. Pero aun ahora se recuerda ese naufragio como algo legendario. En realidad durante muchas décadas sus restos eran un verdadero misterio hasta que finalmente el 1 de septiembre de 1985 se descubrieron sus restos en una expedición a cargo del Dr. Robert D. Ballard. En ese momento se descubrió no solo que los restos estaban en bastante mal estado sino que el buque se había partido durante el hundimiento. Hasta ese momento se creía que el barco se precipitó al mar de una pieza pues muchos testigos así lo habían explicado, pero poco a poco se ha descubierto que estos testimonios en su mayoría eran de personas relacionadas con la compañía y presentar un buque integro daba en esa época una sensación de mayor solidez del barco. Pero gracias al descubrimiento de los restos hoy podemos saber que en la construcción del Titánic se escatimaron recursos y puede que esa sea una de las causas del hundimiento.
En la actualidad el director de cine James Cameron (que filmó la película Titánic en 1997) es uno de los pocos afortunados que ha conseguido bajar hasta las profundidades del mar y ver los restos hundidos en directo. Para rodar la película usó esas imágenes y en los últimos años se ha dedicado a hacer inmersiones para investigar más sobre el hundimiento.
Ahora los restos del Titánic han pasado a estar bajo la protección de la UNESCO como objetos del patrimonio cultural subacuático de modo que los “cazatesoros” se mantendrán a raya. Pero con el paso del tiempo estos restos se van a deteriorar demasiado y probablemente no llegaremos a celebrar su 200 aniversario. De momento los espíritus de la gran nave siguen hundidos en las frías y oscuras aguas del atlántico.
www.revistaesfinge.com
Planos del barco: http://centros5.pntic.mec.es/ies.isaac.albeniz/Tecnologia%20de%20la%20informacion/titanic/planos.htm
Lista de la tripulación del Titánic: http://www.fortunecity.com/greenfield/drongo/51/ListTri1.htm
http://www.fortunecity.com/greenfield/drongo/51/ListTri2.htm
Lista de pasajeros del Titánic: http://www.fortunecity.com/greenfield/drongo/51/Pasaje.htm
LAS MUJERES GUERRERAS CELTAS
En numerosas leyendas celtas aparecen mujeres guerreras; aunque sin serlo, muchas acompañaban a sus hombres a la guerra. En Irlanda se les llamaba banfennid, como lo fueron Criedne, que guerreó junto a los guerreros fianna. Las reinas Maeve de Conacht o Boudicca de los iceni organizaron y encabezaron un ejército, caso similar al de Onomaris, reina de los Scordisi que se enfrentó a los ilirios, siendo la fundadora de la actual Belgrado
En algunas ocasiones se nombra a las mujeres como instructoras en Artes de Guerra, como nos brinda la leyenda de Cuchulainn que fue adiestrado por Scathach o Scatagh que moraba en la Tierra de las Sombras o Isla de Skye y enseñaba a los héroes jóvenes que la visitaban, artes variadas, como hechizos para la lucha y estrategias combativas. La leyenda cuenta como Cuchulainn llevó a muchos hijos de príncipes celtas irlandeses que eran sus alumnos, para aprender de ella el Arte de la Guerra.
Posteriormente el héroe irlandés luchó contra otra guerrera, hermana enemistada de Scatagh, llamada Aiffé, una terrible luchadora, venciéndola e igualmente, se podrían mencionar a las diosas guerreras de todo el panteón céltico, como La Morrigan, Macha, Badb, Maedb o Mebd de Connacht.
En una parte de esa leyenda, registrada en el Libro del Táin Bó Cuailgne, que es una de los libros principales de la literatura medieval irlandesa, hay una discusión en el lecho entre esta reina irlandesa y su último rey-esposo Aillil, donde se explica la relación que había entre éste y Medb, la reina.
Ella era quien lo había elegido y no él a ella; Medb era la reina del país y, antes de Aillil, dos hombres llegaron a ser reyes por su matrimonio con ella, y sólo matando al segundo en combate, se convirtió en el tercer esposo y rey.
Si rebuscamos en las leyendas, seguramente aparecerán otras mujeres que tuvieron como oficio o se vieron obligadas a tomar las armas. Pero dejando a parte la leyenda, a este respecto, podemos citar relatos de antiguos enemigos de los celtas, cuando hablaron del arrojo en combate de esas mujeres: “Mujeres que en la guerra precedían a los hombres en la lucha, a veces como fieras desnudas gritando y aullando, haciendo sonar diversos utensilios e insultando al enemigo con palabras hirientes, empuñando teas e imitando a la diosa guerrera “La Morrigan” con sus hechizos para la victoria.”Y si era preciso, mostrando sus nalgas como ademán despectivo al enemigo, al puro estilo celta. Además si iniciada la lucha, el hombre que a su lado estaba, caía herido o muertos por las armas enemigas, ella lo reemplazaba.Así nos cuenta Amiano Marcelino, militar romano de origen griego, buen conocedor de la literatura clásica (330-395 de la Era Común), sobre la mujer celta lo siguiente: "El cuello hinchado, los dientes rechinantes y blandiendo los enormes brazos cetrinos..., daba puñetazos a la par que patadas, como si fueran los proyectiles de una catapulta".
En otra parte hace referencia a su coraje: "Una patrulla entera de extranjeros, no podría resistir el ataque de un sólo galo, si este se hiciera acompañar y ayudar por su esposa.” “Estas mujeres son, generalmente, fortísimas, tienen los ojos azules, y cuando se encolerizan hacen rechinar los dientes, y moviendo los fuertes y blancos brazos comienzan a propinar formidables puñetazos, acompañados de terribles patadas". Publio Cornelio Tácito, historiador romano, en su relato de la toma de la isla de Mona, menciona a las celtas que allí había, como "desgreñadas mujeres de negro ropaje, cual furias blandiendo antorchas”. Y también dice en sus “Anales”, refiriéndose a Boudicca, que no era la primera vez que los britanos eran conducidos a la batalla por una mujer.
Según una cita de Julio Cesar: "Una hembra celta iracunda es una fuerza peligrosa a la que hay que temer, ya que no es raro que luchen a la par de sus hombres, y a veces mejor que ellos".
Plutarco cuenta que en la batalla de Aix-en-Provence (102 antes de la E. Común.), que se entabló entre las tropas de César y la los celtas de la región, las mujeres galas resultaron ser unas decididas guerreras. Armadas con espadas y hachas, eructando de cólera, se arrojaban sobre el enemigo romano y sobre el galo que huía, para obligarle a combatir.
En cualquier caso, se debe suponer que no son los únicos casos pues arqueológicamente está comprobado que en las tumbas de mujeres celtas se han hallado ajuares y gran cantidad de armas y armaduras.
Todo indica que hubo mujeres guerreras celtas. Las fuentes clásicas se muestran sorprendidas por la independencia y libertad de estas mujeres. Sin embargo, y decididamente la función de la mujer como guerrera ya con la cristianización, perdió toda su importancia, y le fue arrebatada esa posibilidad.
NICOLAS COPERNICO
Si Nicolás Copérnico hubiera nacido hoy, sería polaco. Como nació en 1473, fue prusiano. Su ciudad natal formaba parte de la Prusia ya desaparecida y hoy se integra en Polonia, pero, en cualquier caso, su nombre –en polaco (Mikolaj Kopernik) o en latín (Nicolaus Copernicus)– ha ido atravesando las puertas del tiempo.Cuatro siglos y medio después de su muerte y después de haberle reservado un sitio de honor en la historia de la ciencia, hoy a la comunidad científica ya no le preocupa la veracidad o no de sus teorías o si estas atentan contra la fe –temas sobre los que ya decidieron hace tiempo–, sino si sus restos mortales están localizados y cómo era su apariencia física (alienaciones de cada época, sin duda).
Combinando en un mismo cóctel unos cabellos suyos que aparecieron en un libro que estaba en Suecia y unos huesos encontrados en la catedral de Frauenburg, donde murió, un grupo de científicos suecos y polacos nos ofreció, a finales de 2008, una foto desde el futuro del promotor de la teoría heliocéntrica del siglo XVI.
Nicolás Copérnico nació en una familia acomodada de comerciantes, pero la rueda de la fortuna le hizo pasar por el amargo trance de perder a su padre a los diez años, lo cual dejaba desvalida y sin medios de sustento a la viuda con cuatro huérfanos.
EL INVESTIGADOR REFLEXIVO
En este punto de la historia tenemos que hacer un sitio especial a su tío Lucas. Sin él, no sabemos si hubiera podido desarrollar su talento natural para la reflexión. Para empezar, la formación que obtuvo gracias a él difícilmente la hubiera podido conseguir de otro modo. Aquel serio canónigo, que más tarde sería obispo, acogió bajo su protección a la familia, proporcionando e impulsando la educación de Nicolás, el menor, que ya demostraba entonces una inclinación natural hacia el estudio y la investigación que hacía presagiar logros singulares.
Así pues, la misma Iglesia que luego le condenaría al ostracismo prohibiendo la difusión de sus teorías fue, indirectamente, la que le permitió instruirse y olvidarse de las preocupaciones materiales, dedicando toda su energía a sus especulaciones.
El mismo año que Colón descubría América y abría las puertas de un mundo desconocido para Europa, Copérnico iniciaba su andadura en la universidad de Cracovia para completarla más tarde en las mejores universidades europeas de la época. Florencia, Padua, Ferrara, Bolonia, París y Roma fueron los destinos universitarios que le otorgaron una sólida formación, acorde con el espíritu humanista que se respiraba en Italia.
ESPÍRITU HUMANISTA
Aprendió latín y griego para leer los textos originales de los autores clásicos, pero también, matemáticas, astronomía, geografía, filosofía, medicina y derecho. Como buen renacentista, sus quehaceres abarcaban disciplinas muy diversas. Fue matemático, astrónomo, médico, jurista, gobernador, jefe militar, diplomático y economista. En varias ocasiones demostró sus habilidades como cartógrafo realizando importantes mapas, que se destinaron a fines políticos y administrativos y sirvieron de base para otros posteriores. Completaban sus habilidades las de pintor y poeta. El estudio de los clásicos resultó decisivo en su obra. Tradujo al latín obras rescatadas del griego, que fueron publicadas en Cracovia.
Cuando falleció su tío, fijó su residencia en Frauenburg como canónigo que era de allí, aunque hay discrepancias en cuanto a si se ordenó o no sacerdote. Lo que sí es seguro es que las torres de Heilsberg, Allenstein y Frauenburg, los lugares donde residió, se convirtieron en oportunos observatorios astronómicos, que no le impidieron, por otra parte, desplegar una amplia actividad en otros campos.
Ejerció como médico durante seis años en Heilsberg, ofreciendo gratuitamente sus conocimientos a los pobres, y desplegó sus dotes de estratega militar defendiendo con éxito Allenstein en la guerra. Después, fue designado oficialmente para reconstruir el distrito cuando se estableció la paz.
Como parte del plan de restauración preparó una reforma monetaria motivada por el aumento de la circulación de moneda falsa, y solucionó el problema de las tierras fronterizas –arrasadas y sin cultivar–, incentivando a los colonos con ganado y semillas para la siembra gratis. Sus medidas dieron el resultado apetecido y se ganó el respeto general y la honra de sus contemporáneos.
También fue conocida su fama como astrónomo, pues sabemos que el papa León X le pidió consejo cuando el V Concilio de Letrán decidió iniciar la reforma del calendario juliano entonces vigente, que se materializaría con Gregorio XIII casi un siglo después. Pero Copérnico tenía todavía tenía algo muy importante que legar a la posteridad.
SU APORTACIÓN ASTRONÓMICA
Fue en 1609 cuando cayó en manos de Galileo un peculiar objeto que se vendía entonces en Venecia como juguete y que, en manos de este genial astrónomo, se convirtió en un telescopio perfeccionado. Cien años antes, Copérnico no contaba con la ayuda inestimable de este instrumento. Sus investigaciones se basaron principalmente en el estudio de los filósofos griegos que ofrecían referencias sobre el movimiento terrestre y la disposición de los astros, especialmente Aristarco de Samos y los pitagóricos.
Aunque los occidentales actuales hemos considerado a Copérnico uno de los padres de la astronomía moderna, no debemos olvidar que la visión heliocéntrica de nuestro sistema solar (un sol y planetas que giran a su alrededor) no nació con él. Muchos pueblos la conocieron y la transmitieron en sus escritos desde hace milenios. Sin embargo, esto no le quita ningún mérito. Copérnico tuvo que vivir en la “puerta de salida” de una férrea Edad Media en la que estaba prohibido pensar por cuenta propia, sobre todo en lo que se refería a cómo estaba ordenado el mundo. De eso ya se encargaban la fe y sus representantes. Él consiguió que se volvieran a aceptar (aunque después de su muerte) teorías rechazadas por el “sentido común” y, a diferencia de lo que se conocía entonces, consiguió estructurar su hipótesis coherentemente y sostenerla con cálculos matemáticos.
Copérnico pasó veinticinco años trabajando en su modelo heliocéntrico del universo. Su obra maestra, “De revolutionibus orbium coelestium” (Sobre las revoluciones de las esferas celestes) vio la luz el mismo mes de su muerte en 1543, aunque las ideas básicas que contiene circularon años antes en un breve manuscrito de gran claridad, que se divulgó sin firma, aunque su autor era conocido.Lo interesante de este opúsculo es que Copérnico ofrece siete postulados que, aunque no sean evidentes por sí mismos, le servirán para fundamentar sus conclusiones, previniendo al lector de que las demostraciones matemáticas las reserva para su obra futura más detallada.
Presupone que no hay ningún centro en el universo; que la Tierra no es el centro del universo; que el centro del universo está cerca del Sol; que la distancia de la Tierra al Sol es minúscula si la comparamos con la distancia a las estrellas; que la rotación de la Tierra explica el aparente movimiento diario de las estrellas; que el aparente movimiento anual del Sol está causado porque la Tierra gira a su alrededor; y que es también el movimiento de la Tierra el que explica el aparente movimiento retrógrado de los planetas.
Copérnico pensó que si la Tierra fuera en realidad el centro del sistema, ningún planeta debería hacer retrocesos, y Venus y Mercurio deberían situarse a veces lejos del Sol, cosa que nunca ocurre. En cambio, utilizando un sistema con el Sol en el centro, Venus y Mercurio se ven cerca del Sol porque en realidad están más cerca del Sol, y los planetas dan algunas veces la sensación de moverse hacia atrás porque la Tierra los adelanta en su continuo girar alrededor del Sol. “Por tanto, el Sol no es llamado equivocadamente por algunos la lámpara del universo, por otros su mente, y por otros su gobernador”, dice en De revolutionibus..
Tal vez no hubiéramos tenido noticia de tan importantes conclusiones si no hubiera sido por Rheticus, un joven profesor de la universidad de Wittemberg cuya admiración por Copérnico le llevó a convertirse en su discípulo.
Aunque trabajaba con dedicación en su obra principal, Copérnico no estaba convencido de querer editarla, ya que suponía una ruptura con la concepción religiosa aceptada entonces, pero alentado por la acogida que recibieron dos pequeños tratados que contenían sus ideas publicados por Rheticus, al final se decidió. El fiel seguidor no pudo supervisar el proceso de impresión de “De revolutionibus”, el fruto de tantos esfuerzos de su maestro, y lo puso en manos de Osiander, que cambió sutilmente el título y sustituyó el prefacio original de Copérnico por una carta suya al lector sin firmar, en la que afirmaba que lo contenido en el libro solo era una forma más simple de calcular las posiciones de los cuerpos celestes y no tenía que ser tomado como verdadero. No podemos valorar si este engaño, revelado públicamente por Kepler cincuenta años después, sirvió para que el libro fuera leído y no inmediatamente condenado.
Sin Copérnico no hubiéramos tenido un Galileo o un Kepler, o por lo menos, no hubieran ellos encontrado un base desde la que lanzarse a mucho más arriesgadas teorías astronómicas. Todos los caminos de la investigación conducían a Copérnico. Ellos pudieron comprobar mediante observaciones directas las conclusiones de la teoría heliocéntrica. Ciento cincuenta años más tarde, la teoría de la gravitación universal de Newton corroboraba nuevamente la tesis copernicana.
Copérnico cumplió así una función crucial como inspirador para los científicos que le sucederían, repitiendo en la Historia otra vez el mismo papel que todos los buscadores de la verdad desempeñaron pavimentando el camino por el que tenían que pasar las generaciones posteriores.
SUPERCUERDAS: LOS CAMINOS DEL UNIVERSO
Las teorías de supercuerdas son el resultado de la evolución que ha sufrido la Física a lo largo del siglo XX. Einstein, con sus inocentes preguntas acerca de la naturaleza de la luz, revolucionó la ciencia de su tiempo allá por el año 1905, cuando ya se creía que estaba todo explicado, dando nacimiento a dos ramas especializadas: la cosmología y la física cuántica que, paradójicamente, han resultado ser incompatibles.La relatividad general, utilizada para estudiar grandes acumulaciones de materia, como las galaxias y sistemas solares, explica la gravedad como una deformación del espacio-tiempo, que se curvaría por efecto de la materia.
La mecánica cuántica, a su vez, describe un mundo subatómico donde todo, incluido las fuerzas, son partículas. Por tanto, para la cosmología relativista, la fuerza de la gravedad no tiene una entidad propia, y es además intercambiable con la aceleración, mientras que para la física cuántica estaría representada por una partícula que todavía no se ha descubierto, denominada gravitón.
Cada una de estas especialidades explica con mucha precisión sus respectivas áreas de conocimiento y ha dado lugar a predicciones que hacen de ellas teorías muy fiables. Sin embargo, hay momentos en los que habría que utilizar las dos conjuntamente porque confluyen grandes masas en tamaños equivalentes a partículas subatómicas. Es el caso de los agujeros negros, regiones del espacio en donde la masa está tan concentrada que ni la luz puede escapar a su efecto gravitatorio, y del Big Bang, el momento inicial del universo en donde toda la masa estuvo comprimida en un único punto de tamaño cero.
En estos casos ninguna de las dos teorías puede aportar una explicación, puesto que la resolución de sus ecuaciones matemáticas da lugar a singularidades, o dicho en otras palabras, a soluciones infinitas.
¿Una única teoría es posible?
Anticipándose a esta problemática, Einstein pasó los últimos años de su vida buscando una teoría unificada, intentando ampliar las ecuaciones de la relatividad general para poder incluir las fuerzas nucleares y la fuerza electromagnética. De la misma manera, los físicos cuánticos han tratado durante varias décadas de generar teorías que desde la mecánica cuántica englobasen las distintas partículas de fuerzas, incluida la gravedad. Pero ambas aproximaciones han fracasado.
La primitiva teoría de cuerdas, surgida a principios de los años 70, despertó gran interés porque utilizando un planteamiento matemático nuevo fue capaz de incorporar todas las fuerzas, incluida la gravedad. La novedad consistía en considerar a las partículas elementales unidimensionales en vez de puntuales. El inconveniente era que presentaba un mundo con 26 dimensiones, en vez de las cuatro que conocemos y que planteaba la presencia de una partícula llamada taquión que viajaba a velocidades superiores a las de la luz y tenía carga negativa o imaginaria. Por eso pasado el primer boom, la teoría perdió atractivo para los científicos. Lo interesante de esta teoría es que presenta a todas las partículas como compuestas por una misma sustancia, llamada cuerda, y las diferencias vendrían dadas por la distinta tensión y distinto modo de vibración que presenten. Las cuerdas son además muy plásticas, pueden estar abiertas o cerradas, y pueden unirse y escindirse unas con otras.
El taquión desapareció de las ecuaciones durante la primera revolución de las supercuerdas de los años 80, momento en que se renovó el interés por el tema, gracias al descubrimiento de la supersimetría, un concepto relacionado con el spin, es decir, la velocidad de giro de las partículas. Como resultado, se incorporaban a la teoría los fermiones, partículas de materia, además de los bosones, o partículas de fuerza. El reto que plantea esta nueva teoría es que bosones y fermiones estarían relacionados por parejas, pero las supuestas parejas de los bosones y fermiones que nosotros ya conocemos no se han descubierto todavía. A estas partículas se les llama supercompañeras, y son unas de las partículas que se están buscando actualmente en el recientemente inaugurado colisionador de hadrones (LHC) del CERN. Una de las hipótesis más interesantes es que estas supercompañeras podrían formar parte de la materia oscura, que teóricamente constituye el 23% de la materia del universo.
La revolución de las supercuerdas
Los científicos postulan que el 95% del cosmos está compuesto de materia y energía oscuras, y tan sólo el 5% estaría formado por materia ordinaria. Se piensa que la mayoría de objetos en el universo ni absorben ni emiten ningún tipo de radiación, produciendo no obstante efectos gravitatorios. Esta hipótesis parte de las observaciones de que las galaxias parecen mantenerse unidas por una fuerza gravitacional que es mayor que aquella asociada a la materia que realmente vemos.
Hay muchos candidatos que podrían conformar esa materia oscura, entre ellos, los neutrinos, los agujeros negros, las enanas marrones, pero fundamentalmente se cree que podrían ser algunas de estas superpartículas o supercompañeras.
El gran colisionador de hadrones situado en la frontera franco-suiza, ha diseñado experimentos de colisión de protones de extraordinariamente alta energía, cuyos resultados serán recogidos por un detector llamado ATLAS, en donde buscan encontrar indicios sobre el origen de la masa, el boson de Higgs, la unificación de las fuerzas de la naturaleza, las dimensiones extra y los candidatos a materia oscura en el universo.
En un futuro, por tanto, se podría obtener la primera prueba experimental a favor de la teoría de cuerdas, si se descubre la supersimetría y las dimensiones extra.
A lo largo de los años 80 se desarrollaron paralelamente cinco cuerpos de teorías de supercuerdas distintas, sin saber cuál de ellas era la aproximación correcta. Se llamaron teorías I, IIA, IIB, HO y HE. Y otra vez cundió el pánico entre los científicos, y se pensó que estaban ante un callejón sin salida.
Pero la segunda revolución de las supercuerdas de los años 90 descubrió la simetría de la dualidad, haciendo que estas cinco teorías fueran interconvertibles dos a dos, y viendo que en realidad formarían parte de otra teoría que las engloba y que se llama Teoría M. La Teoría M presenta un mundo de 11 dimensiones, considerando ahora que las cuerdas no son sólo unidimensionales sino que pueden existir en varias dimensiones, adoptando el nombre de p-branas.
¿Cómo encaja un mundo de 11 dimensiones con el de cuatro dimensiones al que estamos acostumbrados, (considerando las tres espaciales y una temporal)? Pues bien, la teoría de supercuerdas postula que las dimensiones adicionales estarían arrolladas, se habrían colapsado en los momentos iniciales del Big Bang, existiendo sólo en el terreno de lo microscópico, mientras que las otras cuatro se habrían desarrollado para conformar el mundo tal y como nosotros lo conocemos.
La teoría de supercuerdas presenta por primera vez la posibilidad de una física unificada. Y lo que es más interesante, puede explicar los primeros instantes del Big Bang, e interpretar los agujeros negros. Para la mecánica cuántica el agujero negro se evapora con el tiempo y todo lo que hubo dentro desaparece. En la teoría de cuerdas sin embargo, las cuerdas almacenan la información, la cual vuelve a emerger cuando se evapora el agujero negro.Asimismo, para la teoría de cuerdas el universo tiene un tamaño mínimo, que ya no es cero, sino que es de la longitud de una cuerda. En esta nueva versión del Big Bang el tiempo comenzó cuando una única brana, que lo ocupaba todo, dio lugar a cuerdas cerradas que se propagaron para crear la materia ordinaria.
Además, las distintas partículas propuestas por el modelo estándar de la física cuántica surgen de manera natural de sus ecuaciones. Mientras el modelo estándar, que fue constituyéndose conforme los aceleradores de partículas iban descubriendo piezas más pequeñas dentro del puzzle de la materia, necesita introducir en sus ecuaciones 19 parámetros experimentales para ser capaz de deducir cosas nuevas, la teoría de cuerdas solo necesita introducir un dato para deducir el resto, y éste es la tensión correspondiente a cada uno de sus bucles. Asimismo, el modelo estándar, sin tener en cuenta la gravedad, admite la existencia de más de 45 partículas diferentes, entre ellos, el hipotético Boson de Higgs, lo que es considerado un número relativamente grande como para constituir los elementos esenciales o “ladrillos” del universo, mientras que las cuerdas representan sólo un único tipo de materia.
De vuelta a lo Uno
Los problemas que presenta la teoría de cuerdas es que se mueve en unas dimensiones tan pequeñas (la cuerda tiene 10-33 centímetros frente a los 10-13 centímetros del átomo) que no es posible su detección a nivel experimental. Sus detractores la acusan de que no se trata de algo científico, sino de una especulación metafísica. Otra de las problemáticas de la teoría de cuerdas es que es una matemática completamente nueva, de manera que a la vez que los físicos están ahondando en las teorías, los matemáticos están intentando ir a ese ritmo y desarrollar nuevas ecuaciones. Lo cual quiere decir que las ecuaciones de la teoría de cuerdas son aproximadas y que además las soluciones también son aproximadas, de forma que todavía no se pueden hacer muchas predicciones porque no se tienen los datos finales y definitivos para saber qué propone exactamente la teoría de cuerdas.
Ante este panorama, los científicos más optimistas dentro de los que apoyan la teoría de cuerdas hablan de un plazo de 30 ó 40 años para que empiece a dar sus primeros frutos.
Si la teoría se confirma, las cuerdas se convertirían entonces en los verdaderos a-tomos (sin partes), el único y último componente del universo.
La teoría de cuerdas estaría volviendo de nuevo a esta concepción antigua y primordial del universo que tuvieron todos los pueblos de la antigüedad. La misma etimología de la palabra indica que el uni-verso tiende hacia lo uno. Más allá de la pluralidad del mundo manifestado existiría una unidad esencial que está representada por esta sustancia llamada cuerda, que es capaz de dar lugar al gran calidoscopio que es el cosmos.









