Música en el Antiguo Egipto
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Egipto es símbolo de lo enigmático, de lo desconocido. Kum o Kem, como lo llamaron los griegos, era la patria hacia la que viajaron los grandes sabios para aprender en sus centros de formación (hoy los llamaríamos universidades).
Su concepto de la música era muy especial y, como todo en el mundo egipcio, trataba de recrear un mundo invisible que consideraban el modelo que debía reinar en el mundo visible. La música, por tanto, era una forma de plasmar el orden universal tal como señala el Kibalión: “Así es arriba como es abajo”.
El músico se preparaba en escuelas especializadas dedicadas a la formación filosófica y técnica. Era un sacerdote o un funcionario con reglas precisas, que debían seguirse para lograr esa especial recreación. También existían los quirónomos, músicos maestros que, mediante signos de las manos, indicaban al instrumentista qué sonidos o giros melódicos interpretar.
Sus instrumentos eran muy variados, desde el arpa, probablemente el instrumento nacional, hasta el sistro o la flauta. Todos ellos en su material, forma, color, etc. estaban pensados para ser la voz de un dios. Los instrumentos eran precisamente eso: un instrumento para que una fuerza de la naturaleza se expresara.
La deidad patrona de la música era Ihy, hijo de Hathor y Horus, de Edfú. Ihy, cuyo nombre significa “el tocador de sistro”, era el que alegraba los corazones de los dioses.
De Egipto y de su música nos queda, ante todo, el sabor a eternidad, la visión trascendente del sonido, el perfume de otra realidad.
Sebastián Pérez
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