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 En numerosas leyendas celtas aparecen mujeres guerreras; aunque sin serlo, muchas acompañaban a sus hombres a la guerra. En Irlanda se les llamaba banfennid, como lo fueron Criedne, que guerreó junto a los guerreros fianna. Las reinas Maeve de Conacht o Boudicca de los iceni organizaron y encabezaron un ejército, caso similar al de Onomaris, reina de los Scordisi que se enfrentó a los ilirios, siendo la fundadora de la actual Belgrado


En algunas ocasiones se nombra a las mujeres como  instructoras en Artes de Guerra, como nos brinda la leyenda de Cuchulainn que fue adiestrado por Scathach o Scatagh que moraba en la Tierra de las Sombras o Isla de Skye y enseñaba a los héroes jóvenes que la visitaban, artes variadas, como hechizos para la lucha y estrategias combativas. La leyenda cuenta como Cuchulainn llevó  a muchos hijos de príncipes celtas irlandeses que eran sus alumnos, para aprender de ella el Arte de la Guerra.

Posteriormente el héroe irlandés luchó contra otra guerrera, hermana enemistada de Scatagh, llamada Aiffé, una terrible luchadora, venciéndola e igualmente, se podrían mencionar a las diosas guerreras de todo el panteón céltico, como La Morrigan, Macha, Badb, Maedb o Mebd de Connacht.

En una parte de esa leyenda, registrada en el Libro del Táin Bó Cuailgne,  que  es una de los libros principales de la literatura medieval irlandesa, hay una discusión en el lecho entre esta reina irlandesa y su último rey-esposo Aillil, donde se explica la relación que había entre éste y Medb, la reina.

Ella era quien lo había elegido y no él a ella; Medb era la reina del país y, antes de Aillil, dos hombres llegaron a ser reyes por su matrimonio con ella, y sólo matando al segundo en combate, se convirtió en el tercer esposo y rey.
 
Maeve o Medb es la reina guerrera de Connacht que inicia la guerra contra el Ulster, para conseguir el famoso toro de los Ulates. O se podría también mencionar a “Nessa” la bannfenid, madre del conocido Conchobar Mac Nessa, quien prefirió tomar el nombre de su madre (Mac Nessa, hijo de Nessa (Ness-Assa). Podríamos relatar la leyenda de Mis, la denominada muchacha-fiera, otra bannfennid, o hablar del combate entre Cormac Mac Art y la guerrera Coinchend Cenfada hija de “Conchruth Cabeza Roja y de Coinchiud Cabeza de Perro. O la campeona Estiu que aparece en las “Aventuras de Suibhne Geilt”, un romance del medievo irlandés.O según las leyendas irlandesas el 67ª rey, en este caso reina, también guerrera de Irlanda entre 377 y 331 antes de la Era Común. Hija de “Aed Ruadh”, fue llamada Macha la del pelo Rojo o “Macha Mong Ruadh”.

 Si rebuscamos en las leyendas, seguramente aparecerán otras mujeres que tuvieron como oficio o se vieron obligadas a tomar las armas. Pero dejando a parte la leyenda, a este respecto, podemos citar relatos de antiguos enemigos de los celtas, cuando hablaron del arrojo en combate de esas mujeres: “Mujeres que en la guerra precedían a los hombres en la lucha, a veces como fieras desnudas gritando y aullando, haciendo sonar diversos utensilios e insultando al enemigo con palabras hirientes, empuñando teas e imitando a la diosa guerrera “La Morrigan” con sus hechizos para la victoria.”

Y si era preciso, mostrando sus nalgas como ademán despectivo al enemigo, al puro estilo celta. Además si iniciada la lucha, el hombre que a su lado estaba, caía herido o muertos por las armas enemigas, ella lo reemplazaba.Así nos cuenta Amiano Marcelino, militar romano de origen griego, buen conocedor de la literatura clásica (330-395 de la Era Común), sobre la mujer celta lo siguiente: "El cuello hinchado, los dientes rechinantes y blandiendo los enormes brazos cetrinos..., daba puñetazos a la par que patadas, como si fueran los proyectiles de una catapulta".

En otra parte hace referencia a su coraje: "Una patrulla entera de extranjeros, no podría resistir el ataque de un sólo galo, si este se hiciera acompañar y ayudar por su esposa.” “Estas mujeres son, generalmente, fortísimas, tienen los ojos azules, y cuando se encolerizan hacen rechinar los dientes, y moviendo los fuertes y blancos brazos comienzan a propinar formidables puñetazos, acompañados de terribles patadas". Publio Cornelio Tácito, historiador romano, en su relato de la toma de la isla de Mona, menciona a las celtas que allí había, como "desgreñadas mujeres de negro ropaje, cual furias blandiendo antorchas”. Y también dice en sus “Anales”, refiriéndose a Boudicca, que no era la primera vez que los britanos eran conducidos a la batalla por una mujer.

Según una cita de Julio Cesar:  "Una hembra celta iracunda es una fuerza peligrosa a la que hay que temer, ya que no es raro que luchen a la par de sus hombres, y a veces mejor que ellos".

Plutarco cuenta que en la batalla de Aix-en-Provence (102 antes de la E. Común.), que se entabló entre las tropas de César y la los celtas de la región, las mujeres galas resultaron ser unas decididas guerreras. Armadas con espadas y hachas, eructando de cólera, se arrojaban sobre el enemigo romano y sobre el galo que huía, para obligarle a combatir.

En cualquier caso, se debe suponer que no son los únicos casos pues arqueológicamente está comprobado que en las tumbas de mujeres celtas se han hallado ajuares y gran cantidad de armas y armaduras.

Todo indica que hubo mujeres guerreras celtas. Las fuentes clásicas se muestran sorprendidas por la independencia y libertad de estas mujeres. Sin embargo, y decididamente la función de la mujer como guerrera ya con la cristianización, perdió toda su importancia, y le fue arrebatada esa posibilidad.

 

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