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EL ALMA DEL TEATRO "NO" JAPONÉS

Cuentan las antiguas leyendas que la diosa del Sol, Amaterasu (de la cual se suponen descendientes por línea directa los emperadores), ofendida con su hermano, el príncipe Suzano Mikoto, huyó y se escondió en una cueva. La noche eterna vino entonces a la Tierra. Para hacer salir a la diosa y librar al mundo de la oscuridad, los dioses decidieron reunirse delante de la entrada de la cueva y bailar una danza con mímica y música. Atraída así su atención y curiosidad, la diosa salió de su escondite, volviendo nuevamente a alumbrar al mundo.
La música y la danza se suponen, pues, del agrado de los dioses, y las primeras compañías teatrales en Japón tuvieron su origen en las representaciones de los templos sintoístas. Posteriormente, se fueron sucediendo diversas formas artísticas, en algunos casos concebidas para entretenimiento de la corte, y en otros, como divertimentos rústicos de la comunidad agrícola.
A principios del siglo XIV, aquel conjunto de entretenimientos varios, que era llamado “arte de monos” o Sarugaku, empezó a convertirse en verdaderas representaciones teatrales en las que se desarrollaba un tema definido. Unas veces conservaban un talante cómico; otras, eran de carácter jocoso o satírico; y algunas, muy especiales, unían un tema dramático a la música y a la danza, dando vida a un género nuevo, de fondo filosófico-religioso: el drama No.
El teatro No es una forma simbólico-musical que se representa por dos actores principales y unos pocos secundarios, en un escenario sencillo, con intervención coral y algunos instrumentos musicales.
De estilo plenamente simbólico, más que evidenciar lo que se quiere transmitir, pretende desarrollar la imaginación de quien lo contempla y despertar capacidades de comprensión más sutiles y cercanas al mundo de las ideas.
Surge en Japón en una sociedad feudal, con fuerte presencia de lo militar, y está mucho más cercano al rito que al puro entretenimiento. Con una tradición histórica aún viva en nuestros días al haberse conservado las técnicas de actuación, hoy podemos contemplar espectáculos similares a los creados hace cientos de años.

El alma del teatro NO
El japonés es un pueblo pragmático, que ha sabido sintetizar las diferentes tradiciones filosóficas y espirituales con las que ha tomado contacto, extrayendo de cada una de ellas elementos prácticos para su forma de vida.
El sintoísmo o camino de los dioses es la religión autóctona del Japón. Por medio de ritos y ceremonias se mantiene el culto a los Kami o misteriosas fuerzas de la Naturaleza que vendrían a representar la parte luminosa de las cosas. Eso les lleva a sentir una profunda reverencia por la Naturaleza y a valorar especialmente la armonía y la pureza.
En las obras No denominadas Kami-Mono el personaje principal es un dios sintoísta. Generalmente, aparece representado por el segundo actor, en la forma de un hombre anciano. Este se dirige al personaje que llega a la escena, que generalmente es el recinto de un templo, y le explica la historia o la leyenda de algún árbol sagrado. En la segunda escena, el dios entretiene al visitante con una danza.
El budismo también dejará su impronta y sus manifestaciones artísticas en Japón. La idea de la reencarnación y de la pervivencia del alma más allá de la muerte se puede apreciar en el argumento de muchas obras No, especialmente en las denominadas Shura Mono. En estas aparece, generalmente, un héroe de la familia de los Minamoto, que fueron las dos facciones principales del Japón del siglo XII. La palabra Shura Mono viene de Asura, nombre del Infierno, a cuyo tormento son destinadas las almas de los difuntos en las batallas. En estas obras se describe cómo el espíritu de alguno de estos guerreros trata de escapar de tal destino. Para ello, se evade del Infierno y vuela hacia la Tierra apareciéndose a alguien.
El teatro No florece en un momento de inestabilidad política en Japón, en la era Muromachi. En un movimiento del péndulo, se había pasado de la relajación de las costumbres de la época de la corte imperial de Kyoto a la austeridad y disciplina propias de la vida del samurái, que había adoptado el código de conducta señalado en el bushido.
Estos guerreros van a encontrar su identidad ideológica en el budismo zen, el cual les va a proporcionar un profundo sentimiento de confianza en el propio destino, sumisión tranquila a lo inevitable y amable acogida de la muerte. Se exaltó una ética guerrera del heroísmo, de la lealtad y de la disposición a morir por el señor, a través de narraciones épicas como el Heike Monogatari, de donde se extraen muchos argumentos para obras No.
Imbuido por el espíritu de la filosofía zen, el actor de No debe adentrarse, para la perfecta ejecución de su arte, en una vía de perfeccionamiento interior, denominada Do, un camino o sendero que se puede encarnar en diferentes actividades humanas, pero siempre impregnadas por el espíritu del zen.
La ceremonia del té, el arte del tiro con arco, el Zengo o pintura zen y el arreglo floral destacan todos ellos por la forma lenta, hierática, calma y solemne de efectuar todos los movimientos, por insignificantes que sean, y el estado especial de concentración en el que solo importa el presente. Es este mismo espíritu el que late en el teatro No. Una representación completa de drama No puede durar seis horas. El tiempo en Oriente no tiene principio ni fin; el aquí y el ahora tienen una importancia autónoma, sin referencia al pasado ni al futuro.
Otra corriente espiritual que ha calado hondamente en este arte es el confucianismo, el cual apunta a los códigos éticos de la organización social. Se basa en un sistema de obligaciones recíprocas que afectan tanto a la casa imperial como a los súbditos, y acentúan la relevancia del orden y la estabilidad sociales y de la piedad filial como deber familiar que satisface su deuda de gratitud con los antepasados.
Y, finalmente, el taoísmo, que promulga una concepción del mundo donde no existen dualismos, donde el Creador y la creación son una misma cosa, donde el cuerpo y el espíritu son dos percepciones diferentes de un mismo elemento.
El Shite o actor principal (“el que hace”, “el que actúa”) es el que lleva la máscara, el que danza, el que canta, el que sufre la transformación, y el que, con su actuación, da vida al No. Hay cinco personajes-tipo que puede encarnar el Shite: el viejo, la mujer, el guerrero, el loco y el demonio.
El Kaki representa el papel secundario, no lleva máscara y normalmente representa a un monje cuya función es la de propiciar la aparición del Shite. Una vez cumplido su cometido, se retira a un lugar específico del escenario y se sienta, inmóvil, mirando al público o lo que ocurre en escena.
El Kaki es el lado pasivo, negativo, oscuro (el yin), en contraste con el activo, positivo, brillante del Shite, y deben complementarse para lograr la armonía taoísta de la representación.
En el tercer libro del Fushikaden, Zeami hace referencia a esta ley de los opuestos y a la búsqueda del equilibrio en los mismos para lograr el éxito de la representación. Afirma que la atmósfera del día es positiva, y el No, que se representa con cierta calma, produce una atmósfera negativa. Para que haya equilibrio, hay que armonizar lo negativo y lo positivo, es decir, qué día es propicio realizar un No. Eso produce el efecto armónico deseado.

Asunción Soria
Revista Esfinge n.º 17

EL HORÓSCOPO CHINO Y EL AÑO DEL DRAGÓN

EL HORÓSCOPO CHINO Y EL AÑO DEL DRAGÓN

Como cada año por estas fechas escuchamos que la comunidad mundial china celebra la fiesta del año nuevo. Pero no es la misma celebración a la que estamos acostumbrados del día 1 de enero, sino que la celebran a finales de mes lo cual nada tiene que ver con el calendario gregoriano al que estamos acostumbrados. Además siempre se habla de “Año de” seguido de algún animal. Este 23 de enero ha comenzado el año del Dragón de Agua, el año lunar 4710.
Le llaman el año del “Ren-Chen”. Ren significa agua , y Chen es Dragón.

En la celebración del año nuevo, que como depende del calendario lunar es a finales de enero, participan todos los estamentos de la sociedad. Se engalanan todas las calles y siempre empiezan haciendo una limpieza profunda de sus hogares. Se dan regalos en forma de ropa nueva o los tradicionales sobres rojos que se entregan entre familiares con dinero en su interior como símbolo de suerte y abundancia para el nuevo año.

El año chino tiene su propio zodíaco que nada tiene que ver el nuestro. El horóscopo chino se compone de 12 representaciones animales que tienen influencia durante un año, a diferencia del zodiaco que conocemos en el que cada signo predomina durante un mes. Este zodiaco se sustenta en el calendario lunar.

Según la tradición se inició en el año 2637 a.C. cuando el emperador Amarillo, Huang Di impuso 5 ciclos de doce años con sus correspondientes representaciones animales para cada uno. Estos 5 ciclos son en realidad los 5 elementos asignados a 5 planetas, Agua (Mercurio), Metal (Venus), Fuego (Marte), Madera (Júpiter) y Tierra (Saturno), que del mismo modo que el Yin (el Sol) y el Yang (la Luna) influyen en los individuos.

Pero existen otras versiones del origen del calendario chino. Algunos sitúan el origen de este calendario en la civilización Xia en el siglo XXII a.C. Otras versiones explican que fue el primer emperador de China, Huangdi en el siglo III a.C. o alrededor del 1300 a. C. durante la dinastía Shang ya que es en esta época donde tenemos la primera prueba documental de este tipo de calendario. Del mismo modo que la mayoría de calendarios, el chino se planificó en base a una sociedad agrícola, donde su población era mayoritariamente analfabeta y por ello, con representaciones animales que simbolizasen estaciones o acciones a realizar en el campo, no necesitaban leer para saber cuando era época de siembra o recogida.

Con la llegada del budismo a china, a cada año se le dio el nombre de un signo del zodiaco o animal y de este modo el año empieza cuando el sol entra en piscis, con la primera luna nueva.
Pero la leyenda que dio origen a los 12 signos o animales del Horóscopo Chino también tiene diferentes versiones.

En una de las versiones se dice que se le encargó a la Rata invitar a varios animales a un banquete del Emperador de Jade para que éste les convirtiera en signos del zodiaco. La Rata y el Gato en esa época eran buenos amigos, pero el roedor hizo creer al felino que el banquete era al día siguiente y desde entonces son enemigos.

Otra de las leyendas cuenta que el propio Emperador de Jade organizó una carrera entre los animales para decidir qué animales y en qué orden poner a los animales en el zodíaco. El Gato y la Rata, que en ese entonces eran buenos amigos, no eran buenos nadadores y decidieron cruzar el río que les separaba de la meta, a lomos del bueno del Buey. Pero la Rata, para ganar, tiró a su amigo gato al agua, convirtiéndose en enemigos. De este modo la Rata reclamó el primer puesto, seguido por el Buey, el Tigre, el Conejo, el Dragón, la Serpiente, el Caballo, la Oveja, el Mono, el Gallo, el Perro y el Cerdo. El Gato llegó en el puesto 13 por lo que se quedó fuera del zodíaco.
En otras versiones, en vez de Buey era un Búfalo de agua. O la carrera es más larga. En alguna versión se explica que fueron dos carreras en las que se dividió a los animales para que los más rápidos no dominasen a los de menor velocidad, con lo que los seis ganadores de cada grupo serían nombrados para ser animales zodiacales. Incluso se cuenta que el Emperador de Jade llamó a cada uno de los animales para que explicase porque merecían un sitio en el horóscopo.
Hay una versión que dice que Buda fue a meditar a una zona de la selva en la que se sentía cerca de la naturaleza y llamó a doce animales, correspondientes a los del zodíaco chino, y les dio un año a cada uno de ellos. Poco tiempo después Buda murió.

A pesar de quedar siempre fuera, el Gato ocupa el lugar del conejo en algunas versiones del zodiaco chino y en el Vietnamita.

En el horóscopo Chino encontramos un ciclo binario Yin-Yang que si se aplica a los cinco elementos (Agua, Madera, Fuego, Metal y Tierra) nos da 10 años en los que el año par es yang y el impar es yin. A su vez, los doce animales por los 5 elementos crean un gran ciclo de 60 años en los que están representadas las 60 posibles variables dentro del zodíaco. En realidad el siglo chino tiene 60 años. Es un sistema sexagenario que al llegar a su punto final empieza de nuevo un nuevo ciclo, y así en ciclos infinitos.

Para la comunidad China, el 23 de enero del 2012 ha empezado el año del Dragón de Agua. Su nombre es Long y según la interpretación china trae muchos cambios y más acción que el año anterior (año del Conejo de Metal). Es un animal especial en la tradición china y en todo el mundo en general. Es el único animal “irreal” o mitológico en el zodíaco chino. A nivel mundial, a pesar de ser un animal imaginario, tiene presencia en todas las culturas y civilizaciones. En China se han encontrado evidencias de dragones en la cultura de más de siete mil años. Incluso los antiguos chinos que desenterraban algún hueso de dinosaurio lo identificaban como parte de algún viejo dragón.

Para la tradición china, el Dragón se identifica con la Tierra y sus colores son el negro y el dorado. La hora de nacimiento que domina este signo es entre las 7:00 y las 9:00, de tal manera que aquellos nacidos en esta franja horaria tienen en su signo un dominio del Dragón.

Era símbolo de poder y riqueza y por eso era el signo del emperador de China. De hecho el trono imperial es conocido como “el Trono del Dragón”. Los últimos años del Dragón han sido 1940, 1952, 1964, 1976, 1988, 2000 y el actual 2012. Se le otorga gran importancia por su origen mágico y a todos los nacidos bajo este signo se les considera afortunados y prósperos, con carisma y dotes de liderazgo. Es un animal que puede atravesar el cielo y la tierra, por ello simbólicamente también se le asocia con los cambios radicales. Precisamente en otros años del Dragón siempre han ocurrido grandes cambios (como la unificación de China en el 221 a. C., la muerte de líderes chinos de gran influencia histórica como Mao Zedong, Zhu De o Zhou Enlai en el año 1976, etc.).

En la actualidad la influencia de estas tradiciones en la sociedad china son aún muy grandes. La primera consecuencia en los años del Dragón es la inminente subida de la natalidad, que se calcula de entre un 5% y un 10%, puesto que las parejas esperan estas fechas para traer descendencia con suerte. El pueblo chino es muy supersticioso, sobretodo en el ámbito rural. Se habla de los “bebé dragón” para referirse a estos recién nacidos bajo la influencia de este signo. Y es que el Dragón es considerado por la sociedad china como el signo de mayor importancia. Eso si, hay que tener en cuenta que los sistemas sanitarios, educativos y públicos en general viven estos acontecimientos de manera bastante negativa pues hacer frente a esta crecida demográfica repentina, no es fácil para el gobierno. A pesar de todo esto, en China se cree que estos bebés dragón serán los líderes del futuro.

El próximo año del Dragón será 2024 – 2025, año del Dragón de Madera.

En la actualidad es de lo más sencillo localizar en muchos libros o portales de internet el animal que es nuestro signo del zodiaco chino. O que animal es compatible para ser nuestra pareja o que días son los mejores para comprar un piso, etc. Pero hay que tener en cuenta que, como cualquier horóscopo, mitología o religión, tiene un origen mucho más profundo y espiritual y una interpretación mucho más compleja. Son símbolos de algo más grande y profundo. Y la lectura indiscriminada de un libro no nos proporcionará el conocimiento ni el sentido de ningún signo zodiacal. Como en todo, hay muchas lecturas e interpretaciones que requieren mucho estudio y dedicación para empezar a empaparse de su sentido.

De todos modos, ¡Feliz año del Dragón a todos!

Elena Sabidó
Corresponsal de la revista Esfinge en Barcelona

 

Simbolismo del cuadro de “La Primavera”, de Botticelli

                       “La Primavera”, Botticelli


                           ”Obra pictórica en donde todo rezuma belleza y limpieza, luz y amor”
                                                                                               Jorge Ángel Livraga

   

    Famoso cuadro del pintor Sandro Botticelli, realizado a finales del 1477 o principios del 1478 y adquirida por Lorenzo de Pier Francesco de Medicis, el primo de Lorenzo el Magnífico. Aunque más que cuadro, por su tamaño es un panel con 203 cms de altura y 314 cms de anchura, realizado en temple sobre tabla y emplazado en la Galería Uffizi, en Florencia.

    Esta obra forma pareja con El Nacimiento de Venus, realizado un año después, y en cierto modo, según el profesor Jorge Angel Livraga (1930-1991), es su continuación. Aquel que visite el Museo de Florencia ya mencionado los contemplará a ambos juntos irradiando su belleza singular, que parece detener el tiempo en un canto de armonía y celestial pureza.

“El nacimiento de Venus”, Botticelli

    La genial danzarina Isadora Duncan pasó más de cien horas contemplando con suma atención y fijeza esta obra, queriendo captar su vida y sutil mensaje… hasta que consiguió –esto es lo que narra en su autobiografía- sentir que penetraba en su interior y que las imágenes adquirían vida y un suavísimo movimiento. Resultado de esta experiencia espiritual en el Templo de Belleza, Amor y Primavera que forma este cuadro, fue una danza en que Isadora convirtió otra vez en movimiento esta “fotografía” del triunfo del amor en las sendas del mundo. Toda obra artística es símbolo de una Idea que percibe y da forma el genio creador. A través de ella, por tanto, el espectador, o el oyente si se trata de una obra musical, puede penetrar en la radiación luminosa de esta Idea, presente, como el mundo de los sueños, en las formas mentales, ritmos, imágenes que el artista arquitecta. La obra de arte deja de ser un objeto, una cosa, y se convierte en un puente que usa la imaginación para adentrarse en esa dimensión sutil y divina, pletórica de vivencias que agitan y estremecen el alma. Esto es lo que hizo Isadora, y cada uno a su medida puede sentir y ser partícipe de esta misma verdad.

    Pero el contenido de esta obra de Botticelli va más allá de un refinado deleite artístico… mucho más.La Primavera, tanto como el Nacimiento de Venus constituyen, según los especialistas, dos monumentos al movimiento filosófico renacentista neoplatónico que irradió, precisamente, desde la Academia de Marsilio Ficino en Florencia.

    Documentaciones encontradas y estudiadas a partir de 1945, la muestran como un cuadro-síntesis de todo el movimiento platónico y neoplatónico que sacudió el renacimiento italiano. Una carta de Ficino exhorta a su discípulo ideológico, Botticelli, a interpretar su horóscopo, en el cual figuraba una conjunción astrológica de Mercurio con Venus. Incluso se ha llegado a pensar que el cuadro encierra un antiguo “misterio” iniciático, recobrado por aquellos platónicos que, tal vez, tuvieron acceso a libros o fuentes tradicionales, que las luchas religiosas de la reforma y Contrarreforma, con su caza de brujos, habrían forzado a sepultar[1].

    El cuadro, que debe ser leído de derecha a izquierda, da vida a una escena narrada tanto en el Natura Rerum del poeta epicúreo Lucrecio, como en las Metamorfosis y en los Fastos de Ovidio. En esta última obra el poeta del amor relata el origen mitológico de la Fiesta de Flora (las Floralia), en Roma, durante el mes de Mayo: Flora fue una vez la ninfa Cloris, la Pureza, que exhalaba Flores al respirar. Cefiro, el Dios del Viento, se enamoró apasionadamente de ella, la siguió y la convirtió en su esposa por la fuerza. Arrepentido, la transforma en Flora y le entrega como regalo un hermoso jardín en el que reinará eternamente la Primavera.

   Continuamos parafraseando el magnífico artículo “La interpretación esotérica de la Primavera de Botticelli”:

    Hay un episodio escrito por Ovidio en el cual la ninfa Cloris es atrapada por el viento frío Céfiro; ella escapa y, convertida en engendradora de flores, toma el nombre de Flora o Venus-armonía. Habla de Eros y de la transmutación a través de las Gracias hasta la “remeatio” o regreso a la situación primordial-espiritual de la que cuidará el Mercurio órfico, quien, guiando a las almas de ultratumba, la lleva al éxtasis de la trascendencia. Es evidente que lo que nos muestra la pintura no está lejos, sino muy cerca, de este fragmento clásico.

    Es importante que el lector sitúe a estos personajes en el cuadro de Botticelli, siguiendo el esquema que adjuntamos.

                                            

    El centro está presidido por Venus-Madre, la Diosa del Amor, que domina el pasado, el presente y el futuro; es el eje de todo, reina sobre el bosquecillo jardín, símbolo del mundo manifestado. En este “paraíso” (no olvidemos que esta palabra significa precisamente, “jardín”), Venus ocupa el lugar donde en la Biblia figura el árbol del bien y del mal.

    El viento Céfiro, azulado y con alas, impetuoso, persigue a la ninfa Cloris, quien desde su cándida y pura naturaleza al penetrar en el mundo-bosque, comienza a florecer. Céfiro simboliza el destino, la fatalidad, el Karma que empuja al alma inexorablemente, la obliga a experimentar y también a dar frutos. Cloris es el nombre del color blanco, es símbolo del alma pura… pero también del frío del invierno. La semilla estaría presa en la tierra invernal como el alma en el cuerpo material, desangelado.

                                                     

                                                                        Céfiro, el viento

    Flora, a continuación es ya la Primavera misma. Es el alma misma (antes Cloris), pero florecida y derramando sus bendiciones al mundo. Botticelli se inspiró en una estatua romana antigua de la Diosa Flora que se conserva en los Ufficci. Simboliza al alma humana que despierta al mundo espiritual. No olvidemos que, según los alquimistas, la primavera es la época del año más propicia para empezar la Gran Obra: la transmutación del plomo en oro espiritual.

                                                    

                                                                 Flora, la primavera

    Las tres jóvenes que danzan con los dedos entrelazados y envueltas en velos semitransparentes son las Tres Gracias[2]: La Belleza (Pulchritudo), a la derecha, la Castitad (Castitas) en el centro y el Placer o Voluptuosidad (Voluptas) a la izquierda. Voluptuosidad y Castidad están unidas a Belleza, pues cada una de ellas contiene belleza en su plano de acción, en el sentido platónico de la estética como una forma de felicidad, de la cual la otra forma es la ética. En la pintura, Voluptas mira solamente a Pulchritudo, pues en todo lo que es bello hay una forma de placer y es una de las posibilidades que Venus da al Alma-primavera.

                                              

                                                         La Belleza, la Castidad y el Placer
   

    Y si Venus, diosa del Amor, reina en el universo, como en este bosquecillo figurado que representa al mundo, la posición aún más preferente y elevada es asumida por EROS, el impulso primordial, la Voluntad pura, a quien el poeta Hesíodo considera el más antiguo de los Dioses en su Teogonía: Es la Gran Fuerza que hizo que todo empezase a moverse, (no olvidemos que en los misterios, lo que sucedía en el universo o macrocosmos, también ocurría en el hombre o microcosmos). Este Eros ciego apunta con una flecha incendiaria a Castitas, quien inflamada por esta fuerza de amor, dará la espalda al mundo (o sea, al observador) y dirigirá su mirada hacia el dios Hermes-Mercurio, maestro de sabiduría, conocedor de las cosas misteriosas, el cual, con su caduceo mágico compuesto por la barra central del poder de los magos y las dos serpientes (en este caso con rostros de dragones alquímicos) de las fuerzas complementarias que mueven el mundo y representan lo blanco y lo negro, lo femenino y lo masculino, etc., disipa las nubes neblinosas de la ignorancia.

                                                    

                                                              Venus, la diosa del Amor
   

    En la interpretación tradicional de este cuadro, Hermes, con túnica corta roja, capacete y espada (otro de los símbolos del Dios al ser de “doble filo”) es el guardián del bosque. Y en cierto modo es así, pues este bosque también representa la gruta mágica del amor, el lugar del misterio donde todo se gesta, la cámara oculta del corazón donde viven los Dioses y en la que el alma se reencuentra a sí misma y florece, lo sagrado. Venus-Eros representaría esa Fuerza Primordial, Kundalini, que es llamada en el Tibet Gran Madre y que es el Eje del Universo entero, el Yo verdadero o Fuego de todo cuanto existe. Hermes aquí se convierte en “guardián de los recintos sagrados”, protegiendo el umbral protege el recinto entero; una forma griega del Dios egipcio Anubis, siervo de la misma llama que arde en la túnica de Venus o en la flecha de Eros.

                                                   

                                                                              Eros

    Los árboles y flores que se hallan presentes en esta escena son también alusiones simbólicas: las rosas son las flores de la Diosa del Amor, y por tanto las lleva Flora en su manto, flores que va esparciendo junto con jacintos, iris, nomeolvides, siemprevivas, clavelinas y anémonas. En su cabeza lleva violetas y flores de aciano y una ramita de fresas silvestres.

    El árbol que está detrás y que parece que forma el aura de Venus, es el mirto, uno de los árboles que le estaban consagrados. Y también lo estaba a Hades, el Dios de la Muerte y de las profundidades, de lo invisible. El mirto es el árbol que representa al Mundo en que el alma pierde su inocencia pero donde también aprende a amar y florece, muere a su casi infinita libertad pero abre los caminos de una libertad futura aún mayor, nacida de la sabiduría y del conocimiento. Flora lleva en torno a su cuello también una ramita de mirto, como símbolo de que está prisionera del mundo.

    El viento Céfiro al entrar hace curvarse y agita ramas de laurel, árbol consagrado al Dios Apolo. Apolo representa la perfección, la armonía, la suma quietud que reina en la unidad (A-Polos, sin Polos), que debe ser quebrada para que el alma entre en la existencia y el destino se ejecute. La unidad de la semilla debe ser quebrada para dar lugar a una unidad mayor, la del árbol. También el Laurel es una alusión al nombre de Lorenzo, en latín Laurentius, quien encargó el cuadro, quizás como símbolo de su matrimonio con Semiramide Appiani.

    Hay también en este jardín algunos pinos, consagrados en la antigüedad a Cibeles, diosa protectora de las cavernas, con lo que se enfatiza el significado de este bosque como la gruta mágica del Amor. Aunque lo que más abunda son los naranjos florecidos, derramando el azahar su perfume embriagador. Quien haya visitado en Mayo la ciudad de Córdoba sabrá a qué me refiero. Estos naranjos con su fruto simbólicamente solar hacen referencia a los frutos aúreos del amor, la juventud eterna de quien ama. También es una alusión a la familia Médici, a quien se atribuye tradicionalmente este árbol.

    Es curioso observar también el movimiento de las túnicas: La de Cloris (el alma inocente) es arrastrada impetuosamente por el viento (destino); la de Flora, por el hecho de avanzar; la de Venus no se mueve, pues Ella, el Amor es el eje inmóvil del mundo; la de las Tres Gracias se mueven al danzar, en su giro alegre y espiralado.

    Este cuadro fue pintado por Botticelli en el Renacimiento como un talismán de fuerzas celestiales amables y bondadosas, como una protección contra las influencias agresivas y perniciosas de Marte (la Ira) y Saturno (la Melancolía), para una sociedad culta y espiritualizada que sabía leer e interpretar estos misterios. Y continúa siendo aún hoy uno de los más asombrosos himnos de amor, vivo en el corazón de infinidad de estudiosos de arte y también en innúmeros hogares que se han dejado conmover por su belleza y han querido traer esta imagen a su propia Gruta del Amor.

José Carlos Fernández

josecarlosfernandezromero.com

EL SIMBOLISMO DE LA PRIMAVERA

Desde la Antigüedad se han venido celebrando solsticios y equinoccios a nivel ceremonial, para indicar la relación entre el curso del Sol y los hombres, entre el macrocosmos y el microcosmos. Las cuatro estaciones encierran símbolos referidos al ritmo del cosmos, y por eso han sido señaladas con fiestas populares para que todo el pueblo pudiera seguir el rítmico devenir de la Tierra y la naturaleza. Tienen relación con el tiempo cíclico y renovador, que se refleja en el recorrido solar anual (estaciones), en el que hay dos puntos culminantes (verano e invierno) y otros dos de traspaso (primavera y otoño).


La primavera es la resurrección de la vida en toda la naturaleza como intermedio entre el invierno y el verano, hecho que se suele representar en la mitología universal por una lucha entre dos deidades opuestas y complementarias (por ejemplo, Osiris y Set) y con la muerte y entierro del carnaval (expulsión del invierno). En Europa, esta expulsión de la muerte, cuando todavía pervivían las fiestas tradicionales, solía estar a cargo de niños que fabricaban un muñeco de paja y ramas para luego sacarlo al pueblo, tirarlo a un pozo, un lago, un río o bien quemarlo.

La primavera es la resurrección de la Vida en toda la naturaleza…


El Árbol de Mayo


Muchas de las fiestas primaverales giran en torno al mes de mayo  y el consiguiente Árbol de Mayo; están a cargo de los jóvenes que anuncian la primavera y aun la anticipan y la aceleran con ritos propiciatorios. Por ejemplo, en la antigua Roma, los jóvenes salían en procesión por las calles con sus estandartes, para anunciar la primavera y, para esa ocasión, todos se proponían propiciarla realizando cosas en beneficio de la sociedad. El Árbol de Mayo se adorna con flores, cintas de colores, juguetes, muñecos o monigotes. Se coloca en la plaza del pueblo o ante el templo. Los jóvenes bailan a su alrededor y luego se lo pasea procesionalmente por el pueblo implorando bendiciones y reavivando las energías propias de la estación.
En otras tradiciones populares, varios niños sostienen un arco de follaje adornado con lazos de colores; luego, un niño pequeño de unos dos o tres años debe pasar debajo del arco, primero con los ojos cerrados para salir con los ojos abiertos: es el renacimiento primaveral. De ahí que hayan pervivido costumbres de pasar a los niños enfermos por algún árbol con la esperanza de que se cure. Es la renovación de las energías vitales, la restauración de la salud.


Los hiperbóreos: almas de los fotones


En todas las antiguas civilizaciones hubo mitos relacionados con lo que representa la primavera, lo que podríamos llamar “el espíritu de la renovación”. En la mitología clásica encontramos al dios Apolo. Es, precisamente, la luz solar, el dios que nació en medio del dolor y las dificultades que tuvo que padecer su madre para darlo a luz. Es la realización a través de las pruebas. Su madre, Leto, era originaria del país de los hiperbóreos. Los hiperbóreos, según la tradición, eran seres hechos de luz –serían algo así como el alma de los fotones- que, en su momento, ayudaron al nacimiento de Apolo. Su residencia habitual era el Norte del mundo, donde no se conoce la oscuridad ni las desdichas. Vivían cantando y bailando músicas primaverales en medio de campos y bosques de indescriptible belleza. Allí también se retiraba Apolo a partir del otoño y permanecía durante las estaciones oscuras para regresar al comienzo de la primavera en su carro solar, junto con los hiperbóreos. ¿Dónde se encuentra esta región tan maravillosa? Dicen las tradiciones griegas que tras los montes Rifeos,  que retrocedían a medida que alguien se les acercaba. El regreso de Apolo del Norte, con su luz y sus acompañantes que llenaban todos los rincones de vitalidad se llamaba en la antigua Grecia: epidemia. La primavera venía precedida por una epidemia de luz, de calor y de energía.
En todas las antiguas civilizaciones hubo mitos relacionados con lo que representa la primavera.


El rapto de Perséfone


Asimismo, en el mito de Perséfone es donde se encuentra la explicación metafísica del origen de la primavera. Perséfone es hija de Deméter, la Madre Universal, la Naturaleza, la Madre de la vida. En una ocasión en que se hallaba disfrutando de un día en el campo, se fijó en un jacinto, y le pareció tan hermoso que se quedó mirándolo absorta. De repente, emergió de la tierra el dios de los mundos subterráneos, Hades, quien la raptó para hacerla su esposa y se la llevó al inframundo. Deméter recorre la Tierra buscando a su hija, pero nadie sabe dónde está. Deméter está desconsolada, ya no come ni duerme. Entonces, el mundo queda yermo, y en campos y ciudades todo se marchita sin augurios de renacimiento. Simultáneamente, una sequía se abate sobre el mundo, y los mismos bueyes permanecen inmóviles como estatuas, sin tirar de los arados, mientras  las espigas, prontas para la recolección, se deshacen en blanco y estéril polvo. Ya nada le hace salir de su abatimiento, ni las ofrendas de los mortales ni las súplicas de los demás dioses. Zeus, que había sido cómplice del rapto de Perséfone, envía a Hermes para que Hades permita regresar a Perséfone a la superficie y se restaure la vitalidad de los campos,  evitando la desaparición de la Humanidad. Hades consiente, no sin antes hacer comer a la hija divina unos granos de granada encantada que le harán retornar siempre.


Deméter recibe a su hija y le pregunta si no ha tomado alimento alguno en los infiernos. Enterada de la treta de Hades y conocedora del poder del fruto mágico, acepta el destino y le dice que mientras ella esté en las tinieblas, todo el mundo estará yermo (invierno), y que cuando retorne a la luz de la superficie, ella hará que toda la naturaleza lo festeje (primavera, verano). Así se relaciona el mito del rapto con los ciclos anuales. Solo un tercio del año permanecerá Perséfone con su esposo, y el resto, con su madre. Deméter resucita la vida en los campos. Una de las fiestas que se celebraban en la Grecia arcaica eran las Cloias, que se celebraban en primavera, cuando los brotes verdes obraban el renovado milagro de romper los terrones y surgir pujantes de la tierra negra. El pueblo se reunía en torno a este fenómeno de la naturaleza. Tranquilos y pacientes, observaban cómo la tierra reverdecía, cómo del inframundo surgía Perséfone en forma de hierba.

En el Egipto Antiguo la unión sagrada de Osiris e Isis simbolizaba la renovación de la Naturaleza. Este divino matrimonio se celebraba entre los meses de abril y mayo, época de nuestra primavera. Tal vez, una de las civilizaciones que más y mejor ha vivido y experimentado la renovación constante ha sido el Antiguo Egipto. Seguramente, por esta razón perduró tantos milenios viva.  Cuando el Nilo se desbordaba debido a la crecida anual, deshacía las casas de barro de los campesinos, pero estos no maldecían al río sagrado ni se ponían tristes, sino que lo celebraban y hacían una gran fiesta: era el momento de construir una nueva casa con el barro del Nilo, era el momento de renovar el hogar. Las penas, tristezas, rencillas y odios del año anterior se iban con el agua hasta el mar. Comenzaban nuevamente limpios por fuera y por dentro.


Revivir el milagro del universo


Y todos estos mitos, ¿por qué han pervivido en el tiempo? Parecería que son cuentos antiguos sin mayor importancia. Sin embargo, pasan miles de años y siguen inspirando nuestras vidas. Los mitos nos hablan del tiempo y del espacio sagrado. Lo sagrado es una dimensión de la naturaleza donde el todo es más que la suma de sus partes, lo que los filósofos herméticos y alquimistas llamaban el Alma del Universo. Y la actitud sagrada es la participación activa con el alma vital del universo. La dimensión espiritual y sagrada está aquí, en lo invisible, y es real, ya que anima todas las cosas. Renovarse física, psicológica y espiritualmente, de tal manera que la juventud interior perdure, es participar activamente del alma universal, porque la naturaleza, aunque repite miríadas de veces los mismos ciclos, nunca se cansa.
Y este es el gran milagro de la primavera: que los campos reverdezcan, que los árboles florezcan y que los seres humanos revivamos el milagro de la renovación, que lleva a ese estado de conciencia que los orientales llaman nirvana y los filósofos de Occidente “eternidad”.

LA MEMORIA DEL AGUA

El Agua es el fundamento de la vida. Es el elemento más similar al disolvente universal buscado por los alquimistas. Todos los procesos bioquímicos se verifican en el agua y nunca sin el agua. Y si ni la Biología, ni la Química pueden precisar con certeza qué es la vida, sí pueden afirmar inequívocamente que la vida, en nuestro presente esquema evolutivo, no puede desenvolverse sin agua.

Pero lo que está haciendo tambalear los cimientos de la ciencia materialista, renovando un paradigma ya caduco, son las demostraciones de esta propiedad tan peculiar del agua que es su memoria.
Algunos científicos, como ya antes filósofos y poetas; y como aún antes los Iniciados de las antiguas civilizaciones, conceptúan el Agua no sólo como el agente de la vida; sino como un Ser Vivo.

Debemos recordar que para la antigua Alquimia, no sólo el agua; sino los Elementos están “vivos”. Como el lector de este artículo, como la estrella o como el mineral que palpita en las entrañas de la tierra. Pero ser vivo, estar vivo; es para esta antigua filosofía, ser receptáculo de la Vida Una. Platón menciona a la vida en la rosa, y no la vida de la rosa. Del mismo modo que los antiguos místicos tibetanos afirmaban la unidad del Yo con el Yo Universal y Eterno, el Yo Único; podemos expresar la identidad y unidad de la Vida Universal, que se expresa en envases infinitamente grandes o infinitamente pequeños. La Vida Una palpita en el universo y en el átomo, serpentea a través de las infinitas formas, dejando tras de sí una estela de luz. No existe la muerte para esta Vida Una; llamamos muerte al cambio que asume en sus formas.

Sabedores de esta vida presente en el Agua, sabedores también de que la peor de todas las contaminaciones que sufrimos- después de la contaminación moral y psicológica, la contaminación de nuestros principios- es la contaminación de nuestras aguas; hay muchas investigaciones sobre la naturaleza de este divino principio y elemento que es el Agua. Muchas investigaciones que buscan cómo purificar el agua, cómo devolver la vida a un agua que muere; incluso cómo tratar el agua para hacer de ella un elixir de vida. ¡Ah, si tuviéramos la vista penetrante y entusiasta del mago y del poeta quizás viéramos en el Agua el espejo donde se refleja no sólo la vida; sino también el Alma. Esta es, por lo menos, la visión de los magos y filósofos zoroastrianos y su decidido empeño en que las aguas se mantuvieran siempre puras.

Fisiológicamente el agua circula por todo el cuerpo llevando oxígeno y nutrientes a todos los órganos y estructuras celulares; al mismo tiempo, recoge en suspensión los residuos y los lleva a los órganos responsables de su eliminación; lleva en disolución el anhídrido carbónico hasta los pulmones para ser intercambiado por oxígeno.

Regula la temperatura corporal, depura el organismo, permite todas las reacciones químicas, incluidas las transformaciones de las sustancias para obtener energía. El agua mantiene la cohesión de los distintos bioelementos del organismo y permite el intercambio de sustancias entre células y tejidos. Mantiene la estructura y la arquitectura celular de nuestro cuerpo, une las estructuras fijas dentro de la membrana celular.

Su elevado poder dieléctrico la convierte en el medio de disolución ideal ya que casi todas las sustancias orgánicas pueden disolverse en agua. Es el elemento más abundante en la composición del cuerpo humano, un 60 % en el hombre adulto. De éste, el 63 % se halla en el interior de las células y un 37 % en el exterior (líquido intracelular, 27 %; agua trascelular, el 3 % y el 7 % de plasma.

En definitiva el agua es el medio en que viven todos los organismos, porque la materia viva (tal y como la considera ahora la ciencia) es un coloide que precisa del agua para conservar sus propiedades.

Si tal es su importancia, ¿Por qué no valoramos más la pureza de nuestras aguas? ¿por qué no ajustamos la actividad humana al ritmo del planeta en vez de depauperarlo y contaminarlo siguiendo los impulsos de nuestra locura?
Aún desconoce la ciencia cuál es el origen del agua. La teoría actual –en el momento en que esto escribo- es que proviene de los meteoritos, que la aprisionaban en su núcleo, y que era liberada en forma de vapor al golpear la tierra naciente. Pero quizás esta sea parte, sólo, de la verdad. No debemos olvidar la gigantesca burbuja de agua expandida del seno de una estrella, o el vapor de agua, ligando, a manera de cordón umbilical una estrella madre con su planeta; y tampoco las tradiciones secretas tibetanas- recopiladas por la genial H.P. Blavatsky- para quien el agua de la Tierra proviene de la Luna. Así se expresan en sus textos: “El Agua Madre, el Gran Mar, lloró. Ella se levantó, desapareció en la Luna, que la había levantado, que la había hecho nacer”.

Tampoco debemos olvidar el informe de la NASA en mayo de 1997 respecto a unos cuerpos celestes, semejantes a bolas de nieve, volando en grandes cantidades desde el espacio hacia la estratosfera de la Tierra: “Se cree que esta bola de nieve es un cuerpo celeste similar a un pequeño cometa con un diámetro de aproximadamente 12 metros. Unos cuantos miles de ellos llegan volando diariamente, pero a medida que se acercan a la superficie de la Tierra se descomponen y convierten en parte de las nubes”

Todos sabemos que la estructura molecular del agua es de dos átomos de Hidrógeno unidos a uno de Oxígeno. Y así viajan las moléculas de H2O formando el vapor de agua, que no se disocia hasta llegar a la temperatura de 1300 ºC. Pero la estructura del agua- agua, es decir, en su forma líquida; es aún desconocida para la ciencia. Se sabe que las moléculas se unen en macromoléculas por enlaces muy poco estables, los llamados enlaces de puentes de hidrógeno, formando redes que se crean y disocian según el propio movimiento de las aguas y las influencias que reciben. Estas estructuras son los cluster, formaciones geométricas que tienen la capacidad de retener, gracias a su poderosa plasticidad, todos los patrones vibratorios de las sustancias que entran en contacto con ella. Este debe ser, aunque no se conoce el mecanismo preciso, el fundamento de la llamada MEMORIA DEL AGUA.

La memoria está harto probada en la eficacia misma de las Flores de Bach o la Homeopatía, disoluciones en agua que no tienen una sola molécula de la sustancia original diluida, y que mantienen sus propiedades terapéuticas.
Y no sólo memoria, sino también una extrema sensibilidad a todas las vibraciones e influencias que recibe en su fértil seno: vetas metálicas, colores, la actividad de los microorganismos (bacterias, virus, hongos…), radiaciones de todo tipo, plantas, el aura de las flores; e incluso, la luz y el sonido, ¡las emociones y pensamientos! Este es el asombroso descubrimiento de Masaru Emoto en las decenas de miles de fotografías efectuadas sobre el agua en el preciso momento que se convierte en hielo. Como en la nieve, la conformación del hielo es en cristales con patrón hexagonal; pero en variedades infinitas. Tal y como demuestra en sus fotografías, no hay dos cristales iguales y todos ellos guardan una analogía anímica con aquellas vibraciones sonoras, emotivas, mentales y otros que se han proyectado en la misma.
Asombroso es también, como nos recuerda Masaru Emoto, que el ideograma chino que describe al agua sigue el perfil hexagonal de sus cristales. Deberíamos detener la atención en las enseñanzas de H.P. Blavatsky en su inmortal Doctrina Secreta: “Porque el sonido y el ritmo están en estrechamente relacionados a los cuatro Elementos de los antiguos; y porque tal o cual vibración en el aire, es seguro despierta los poderes correspondientes, y la unión con los mismos produce resultados buenos o malos, según el caso. Nunca se permitió a ningún estudiante recitar narraciones de hechos históricos, religiosos ni reales, con palabras que claramente los determinasen, para evitar que los Poderes relacionados con tales sucesos pudiesen ser atraídos nuevamente. Tales acontecimientos se narraban tan sólo durante la Iniciación, y todos los estudiantes tenían que registrarlos en los símbolos correspondientes, sacados de su propia mente y examinados después por su Maestro, antes de ser definitivamente aceptados. Así, paulatinamente, fue creado el Alfabeto Chino, del mismo modo que poco antes de éste habían sido determinados los símbolos hieráticos en el antiguo Egipto”.

Masaru Emoto, con una cámara de refrigeración y un microscopio electrónico de campo oscuro han demostrado, según expresa él mismo, que “el agua no sólo almacena información sino también sentimientos y conciencia” y “toda la información que alberga la estructura se hace visible cuando se fotografía una sola gota de agua en estado de congelación”.

Si las aguas son puras o no, determina si el agua cristaliza en bellas estructuras o que, simplemente no llegue a formar dichos cristales. Así podemos hablar de un agua viva, estructurada, con la capacidad de guardar en la geometría de sus cristales las más armónicas ideaciones, y un agua “muerta”, desvitalizada, sin información y caótica en sus estructuras. El agua “muerta” es un agua contaminada, expuesta a todo tipo de sustancias nocivas o expuesta a estímulos negativos (pensamientos, emociones) que perturban su orden interno, quiebran su estructura cristalina y distorsionan su imagen, una imagen que, cuando pura es la imagen misma de la diosa de la belleza y la fecundidad.

Lo terrible es que podemos estar “filtrando” el agua de impurezas, sales y microorganismos pero no de estos “recuerdos de pesadilla” que han agotado su vida. O que podemos tratar con cloro, flúor y otras sustancias el agua pero estos productos químicos quizás estén perturbando y aniquilando su armonía vital.

Es admirable la belleza de los cristales que forma el agua de manantial o las de las aguas fluyentes de los ríos descontaminados. Pero el agua de las grandes ciudades ya no forma cristales. Más terrible es aún detener la carrera del agua hacia el mar, su místico destino; para ser usada y luego otra vez potabilizada; usada de nuevo y otra vez inyectada con sus sustancias químicas…y así sucesivamente, sin percibir que esto es la muerte de lo que el agua verdaderamente es; y que sólo se conserva así el cadáver de lo que antes estuvo vivo; sus moléculas de H2O.

Más sorprendente es comparar los bellos cristales del agua vivificada por las vibraciones de una sinfonía de Mozart, o la perfecta geometría de las “Variaciones Goldberg” de Bach, los “diamantes” que forma la “Canción de Despedida” de Chopin o la estructura tridimensional- casi en forma de Mandala- de un sutra del Tibet; con la descomposición que en el agua produce, por ejemplo, la música heavy.

Masaru Emoto ha escrito palabras (sin ningún tipo de carga anímica, pues los textos están en etiquetas escritas por un procesador de texto) y el agua reacciona ente la naturaleza de las palabras escritas. En cualquier idioma, la palabra que genera los más bellos cristales es “Gracias” y “Amor”.

Según Masaru Emoto, el agua también reacciona y asume el perfil o la forma cultural del nombre a lo que ha estado expuesta (nombre propio o palabra con significado) o ante las sustancias que ha llevado en disolución.
El cristal del agua con el nombre de la diosa Amaterasu, la diosa Sol, perfila con trazos maestros el espejo mágico, que es el principal atributo de esta diosa de la alegría y del arte.

El nombre del dios de la Guerra- dice M. Emoto- de la actividad y de la fuerza espiritual parece evocar en los cristales de agua su dinamismo, pureza y la forma de su espada mágica.

La foto del agua de manzanilla parece dibujar en sus cristales la forma de la flor; y también los cristales de hinojo recuerdan al hinojo mismo. ¡Aunque en este asunto no debemos olvidar que la imaginación humana es muy poderosa y que es también muy fácil confundirla a las sombras de la fantasía!

En fin, nosotros no somos cultores del Agua, sino en todo caso, de aquello de lo que el Agua es símbolo, y hay que evitar caer en todo tipo de fanatismo o falta de cordura, así como quedarse petrificado en una rigidez escéptica.

No creemos haber, con este artículo, sino esbozado los misterios que el Agua guarda, como mágico tesoro, en su henchido seno. Otros artículos divulgativos continuarán profundizando en su fértil regazo. Modificar nuestra actitud y comportamiento ante el Agua puede modificar nuestra actitud ante la vida. ¡Aunque quizás sea lo contrario más cierto!: ¡Modificar nuestra actitud ante la vida, haciéndola más digna, nos impida seguir contaminando el agua, que es, según los místicos de siempre, el fértil espejo de la Naturaleza donde Dios se mira!

Jose Carlos Fernández

http://josecarlosfernandezromero.wordpress.com

EL CAMINO DE SANTIAGO. UNA GUIA INCIATICA.

 Paralelo 42: uno de los cinturones que rodean la Tierra.

Mágico paralelo que aglutina en su franja una red de lugares cargados de energías telúricas, en un viaje hacia donde muere el Sol.


Hablar del Misterio de Compostela, del Camino de Santiago, es recordar todas las tradiciones, leyendas y riquísimos mitos que rodean este importante venero espiritual, no sólo español, sino del mundo entero.
¿Qué guarda Compostela, Santiago y el Camino en sí, que hace posible que en estos tiempos de descreimiento en los que se prefieren las cosas concretas y prácticas, se siga, no obstante, manteniendo tanto interés por sus símbolos?

Historia y mito
Existe una historia tradicional, pero son más los interrogantes que nos crea que los que nos aclara. El primer enigma es la propia personalidad del llamado Santiago el Mayor. Hijo de Zebedeo y de María Salomé; se considera hermano de Juan Evangelista y está junto al Señor en los primeros momentos de sus prédicas. Una vez ocurrida la crucifixión de Cristo, Santiago se dedica a enseñar; primero en Judea y Samaria, y luego se dice que viaja a España. En un medio totalmente hostil, donde prácticamente nadie le escucha, dicen algunos que consigue diez discípulos, otros que siete, otros que tres, y otros -tal vez los más acertados- que el único que acompañó a Santiago por España fue tan sólo un perro. Este perro es un símbolo clave, como veremos después, al intentar desentrañar el tema. Santiago retorna a Judea y allí cae en las manos de Herodes Agripa, quien lo hace decapitar. Unos pocos discípulos fieles que le quedan en Judea, rescatan el cadáver del maestro, lo colocan en una barca sin timón y dejan que el destino la conduzca. El trayecto que recorre es prácticamente inverosímil: va a encallar en una de las rías de Galicia, en los reinos de Loba, en una ciudad que los romanos llamaban Iria Flavia, hoy conocida como Padrón, a unos pocos kilómetros de la actual Santiago de Compostela. Los discípulos desembarcan el cadáver de su maestro y, según algunas versiones, lo colocan en un carro tirado por bueyes que, al igual que con la barca, dejan que siga solo su curso. Tras recorrer un trecho, los bueyes se niegan a caminar más. Deciden que ése es el punto ideal para enterrar al maestro. Hay otras versiones que cuentan que los discípulos se presentan ante una extraña reina que gobernaba en aquel entonces la región: la reina Loba, a la que piden permiso para enterrar el cadáver de Santiago. La malvada reina les tiende una trampa y en vez de bueyes pacíficos, les da toros salvajes para conducir el carro. Llegan los discípulos fervorosos con su carga y, mágicamente, los toros quedan transformados en dulces bueyes. Los atan al carro y eligen un sitio para enterrar a su maestro. Algunos dicen que fue en un Monte Sagrado, el llamado Monte Sacro; otros opinan que fue el mismo palacio de la reina Loba, quien quedó completamente consternada al ver que aquellos a los que había enviado a la muerte, regresaban y le aseguraban que su palacio era el sitio elegido. Según la tradición, cuando los discípulos desembarcan dejan a su maestro apoyado sobre una enorme roca, y este cadáver, que todavía guarda una gran fuerza y una tremenda magia, derrite la roca cual si fuese mantequilla, formando un hueco con la forma del cuerpo humano y quedando convertida en sarcófago. También cuenta la tradición que a los discípulos, cuando llevaban el cuerpo de su maestro a tierra, se les cubrieron los pies de pequeñas conchas que constituirán el símbolo de quien ha hecho un único trayecto y ha encontrado lugar donde quedarse. La historia no tiene más datos hasta por lo menos 800 años después. Se pierde todo vestigio, hasta que en el 813, un ermitaño llamado Pelagio comienza a ver por las noches unas luces extrañas, resplandores de estrellas en lo alto de un montículo y, evitando tomar resoluciones propias, invita al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, para que viera de qué se trataba tal prodigio. El obispo hace cavar allí y desentierra nada más ni nada menos que a Santiago el Mayor…. ¿Cómo es que, a pesar del tiempo transcurrido, quienes lo encuentran tras ocho siglos, reconozcan perfectamente a Santiago el Mayor? Levantan una pequeña capilla en homenaje al milagro que se ha producido, y desde entonces Santiago va a realizar una serie de proezas que influirán poderosamente en la mentalidad de todos los pueblos pirenaicos. A partir de entonces, gentes de esos pueblos se van a dirigir en peregrinación hacia el lugar del hallazgo. La batalla de Clavijo contra los moros, en el año 844, ve reaparecer a Santiago montado en un fantástico caballo blanco, a la vez que arremete furiosamente con su famosa espada. Esa espada que es también una cruz, el símbolo con el que Santiago lucha contra sus enemigos. En el año 899, Alfonso III edifica una basílica a Santiago; hacia fines de la década del 1000, y como esta antigua basílica había sido arrasada por Almanzor, se comienza a levantar la Catedral de Santiago; la antigua basílica queda sepultada en la parte interior cual si fuese una cripta profunda. El obispo de Santiago, Diego Gelmírez, también se dedica en cuerpo y alma a la tradición, al sentido mágico de la peregrinación, y logra que se decrete el 1100 como Año Santo Compostelano por el papa Calixto II, cuando la festividad de Santiago coincide con el día domingo. Con los años, la primitiva Catedral ofrecía un pórtico muy estrecho en relación a la gran cantidad de peregrinos que llegaban, de ahí que se encargó al Maestro Mateo -otro extraño personaje- la ampliación del pórtico occidental; así nació el Pórtico de la Gloria: en su parte inferior aparecen los símbolos del mundo animal; luego viene el mundo humano de la Iglesia, con los profetas del Antiguo Testamento a la izquierda y los Apóstoles a la derecha, mientras que en lo alto de la columna central se encuentra Santiago. Por fin, en la parte superior se muestran el Cristo y los cuatro Evangelistas.

 Símbolos
Comenzaremos por analizar la denominación de Santiago de Compostela. La palabra Compostela nos ofrece varias vías de interpretación. La más conocida nos dice que Compostela deviene de Campus Stellae (Campo de la Estrella), haciendo referencia a las luminosidades, a las estrellas que se veían sobre la tumba del Santo antes de que se descubriese su cuerpo en el siglo IX. Esta versión encaja con otros nombres con los que está jalonado el Camino desde Jaca hasta Compostela: pueblos, localidades, pasos de montaña, que llevan la denominación de estrella o estela, como si el Camino de Santiago fuese una ruta estelar que debe terminar en un punto especial, el Campo de la Estrella. Otra explicación del nombre surge del latín compositum, cementerio; y dado que allí se encontró al Santo, esto hace de Compostela un cementerio sagrado. Otra posibilidad es la de hacer derivar el nombre de un término alquímico: compost. Al realizar la Gran Obra Alquímica, al trabajar en el caldero mágico, sobre el compuesto se aparecía una estrella, si la Obra estaba bien realizada. Y aún podemos citar la versión de Charpentier, según la cual Compostela podría derivar del vocablo compos, que significa en lenguas antiguas maestro. Así, Compostela significaría el Maestro de la Estrella. El caso es que, según cualquiera de las versiones, el sitio de Compostela es altamente simbólico y no obedece al azar.

En cuanto al nombre de Santiago, tal vez en francés encontremos más fácilmente el símbolo que, no obstante, se vierte inmediatamente al castellano, dado que estas lenguas tienen raíces comunes. En francés, Santiago es Jacques, y esta denominación -en inglés, Jack- se utilizó durante mucho tiempo, no como nombre propio, sino como adjetivo para designar a unos hombres especialmente sabios en todo lo referente a construcciones, medidas matemáticas y sentido de la arquitectura sagrada. Todos estos sabios eran Jacques o Yago, como se fue poco a poco pronunciando en castellano. Incluso se conserva un término vasco, Jakin, que sigue significando sabio y que tiene una raíz idéntica al Jacques y al Yago. Y aún más. Este término no sólo designa a los sabios arquitectos, sino que va a estar unido a una forma especial de pronunciar ganso en francés: jars, que también tiene un alto simbolismo, como veremos más tarde. Así, ya sea que lo veamos en francés, en vasco, en inglés o en español, lo importante es que Santiago o San Yago, designa algo más que un personaje; parece referirse a un conjunto de seres, es un adjetivo que se aplica a personas que gozan de iguales características, tal como otros nombres genéricos (Menes, Zoroastro, etc.), lo cual no elimina en absoluto la primitiva existencia de Santiago el Mayor, en el cual el cristianismo apoya toda la peregrinación por el Camino.

El Camino de Santiago no hace más que reflejar en la tierra un milagro que se da en el cielo. Así como la Vía Láctea dibuja un trazo estelar, se ha pretendido con el Camino reproducir ese trazo para los hombres en la tierra; del mismo modo que la Vía Láctea desemboca en la constelación del Can Mayor, así en el Camino el que precede al Santo que va a llegar al montículo sagrado es el can, el perro; así como la Vía Láctea era conocida antiguamente como el Arco Iris del dios Lug para los celtas, también en el Camino de Santiago hay una mitología entremezclada con este dios Lug, que es a veces lobo, semejante al perro, y a veces cuervo (el ave mensajera). Lug es un dios oscuro, es negro, tanto como el pelaje de un lobo en la noche o como las plumas de un cuervo. Pero hay un doble misterio: cuando Lug está en la tierra, cuando va por el Camino de Compostela, el lobo es perro; cuando va por el Camino del Cielo, Lug es cuervo, tiene alas y puede guiar, señalar en lo sideral.

Desde épocas prehistóricas el hombre ha tenido conciencia de que existen en la tierra puntos de energía especial. De la misma forma que nuestro cuerpo presenta puntos en los que podemos medir el pulso vital, también la tierra, como gran cuerpo vivo, tiene sitios donde el pulso vital interno, las fuerzas telúricas, laten con más fuerza. Aprovechando estos puntos, en la antigüedad solían marcar los caminos que eran como las venas y arterias por las que circula nuestra sangre. De esta forma, el hombre que surcaba estos caminos, a la par que moverse por un afán místico y por llegar a la meta, también iba transitando por puntos vitales. Tal vez uno de los símbolos más antiguos de la cruz sea aquel en el cual se simplifica y se une esta fuerza horizontal que une puntos vitales de la tierra, y otra fuerza vertical que, viniendo desde las estrellas, irradia también energía sobre la tierra. Así habría puntos terrestres doblemente favorecidos. Por un lado, toda la energía terrestre que mana como si fuese un río. Por otro, la energía cósmica que cae también sobre el mismo sitio, y aquí nos encontramos con el punto central de la cruz, donde se puede aposentar un templo. El Camino de Compostela no es el único que va de este a oeste, recorriendo casi con total perfección un paralelo terrestre (el paralelo 42), sino que hay otros dos caminos más al norte: uno que recorre Francia en esa dirección, y otro que recorre Inglaterra también en la misma dirección. Es interesante constatar que las ciudades del camino francés y las del inglés presentan gran cantidad de coincidencias en los nombres, en los símbolos, en las construcciones. Todos estos caminos pasan por sitios cubiertos de construcciones dolménicas, por ciudades donde se hace referencia al perro o al lobo; todos estos caminos terminan en el oeste, sobre el mar, en rías, en sitios escarpados de difícil acceso, pero a la par de fácil y cómodo resguardo a la hora en que una embarcación tuviese que penetrar allí. Y si estos caminos coinciden con paralelos que marcan rutas especiales de energía en la tierra, la pregunta es casi inevitable: ¿Quiénes trazaron estos caminos que son tanto más viejos que el Camino cristiano de Santiago? Porque cuando las peregrinaciones de Santiago comienzan, este Camino ya está hecho.

Los investigadores han encontrado una serie de elementos interesantes; la mayor parte de los símbolos y tradiciones de estos caminos que van hacia el oeste, hacia el mar, son marinos. La concha de Santiago es un símbolo claramente marino, pero hay otro no tan claro: el de la oca. Desde épocas legendarias, ya entre los preceltas y los celtas, aparece un símbolo sagrado: el ganso, la oca o la pata de la oca que al caminar deja impresa una marca muy semejante al tridente de Poseidón y que fue determinativo de las culturas llamadas atlantes. El Camino de las Estrellas coincide con el Camino de la Oca y de la Concha (que si se mira detenidamente también tiene la forma de una pata de oca).Todos estos pueblos, todos estos caminos, además de tener este símbolo, tiene asimismo una serie de tradiciones marinas. Ellos llegaron de alguna parte y tuvieron que desembarcar en puntos altos de la tierra, huyendo de un gran cataclismo, una gran inundación. Vemos que las tradiciones de los celtas repiten las mismas del antiguo Egipto, de la India y de Grecia: el gran cataclismo de la Atlántida y los sobrevivientes que con sus conocimientos, su tradición y su forma de vida, escogieron para continuar su obra los puntos más altos que tenían a su alcance. ¿No fue posible que escogiesen los montes Cantábricos, los Pirineos, los montes Atlas en África, que se prolongasen en sus correrías hasta el Cáucaso, hasta el Tíbet…? Lo cierto es que siempre que localizamos focos de civilizaciones antiguas, aparecen en núcleos montañosos, coincidiendo en sus memorias ancestrales. Uno de los principios que albergan estos antiguos pueblos, es el correspondiente al símbolo del laberinto, en otras palabras, al del Camino. ¿Qué es el laberinto, que no sea un camino? Tal vez el más conocido es el de la antigua Grecia, el Laberinto de Creta que había que recorrer con una fórmula mágica y del cual no era tan fácil salir. Pero no hay pueblo que no tenga laberinto; Egipto tiene su laberinto, del cual nos habla Herodoto, pero que jamás se ha encontrado. También los tuvieron los celtas, y no sólo los tuvieron sino que aparecen grabados en las piedras del Camino de Compostela y las de los caminos que están situados al norte, en Francia e Inglaterra. ¿Qué es este Laberinto? Como símbolo del Camino es lo que obliga al hombre a moverse, lo que le arranca del estatismo, es un símbolo de Iniciación. Todas las civilizaciones que pretendían hacer crecer al hombre, lo obligaban a dar ese primer paso, a transitar un Camino, un laberinto, a vencer una serie de pruebas. El Camino de Santiago está inscrito en un enorme y doble laberinto que tiene una mitad en Francia y otra mitad en España, con todo un conjunto de ciudades que responden al principio del laberinto por su nombre, y que responden a los principios del dios Lug o del Cuervo. El Camino de Santiago era algo más que el simple llegar hasta el final. No era tan importante llegar a Compostela como hacer el Camino, estar en él, vencer sus pruebas. Y tampoco son casualidad los siete puertos de montaña, siete escollos o siete pruebas que hay que pasar para vencer en Compostela. Tampoco es de extrañar que Compostela esté en un punto que coincide con tradiciones tan antiguas como por ejemplo el desembarco de Hércules o el de Noé, ambos en Galicia. ¿Son tal vez leyendas y mitos? Aunque es un poco utópico hablar del desembarco de Hércules en Galicia, todavía perdura en la región el relato de cuando Hércules, habiendo domesticado los bueyes de Gerión, llegó a esta tierra. En cuanto al desembarco de Noé en Galicia sería parte del riquísimo mito universal del diluvio, que hace referencia al hundimiento de la Atlántida o sus últimos restos, hace unos doce mil años. Es natural que hubiesen existido navegantes que tuvieron que desembarcar en alguna parte… Y aceptaremos también que el nombre de Noé -como tantos otros- es un nombre genérico que puede haber designado a muchísimos navegantes, quienes, tras la catástrofe, llegaron a distintos puntos de la costa gallega. Citaremos una coincidencia curiosa: Noé llegando a Galicia, a la ría de Noya, recuerda otro Noé que mencionan los mayas americanos, cuando tras una gran catástrofe en el mar, trajo consigo una serie de conocimientos que ellos no poseían. ¿Qué conocimientos traía? Agricultura, ganadería, construcción… Este Noé que desembarca entre los mayas conoce las uvas, el vino; y a las uvas y al vino todavía los mayas los siguen llamando noé. Hay, con referencia al Camino de Santiago, una explicación que nos permitiría retomar esta tradición antiquísima de los hombres que llegan del mar, que imparten sus enseñanzas, y que, a pesar de haberse asentado entre nuevos pueblos, parecen añorar perpetuamente su mundo perdido y trazan continuamente caminos hacia el Occidente, hacia el mar, caminos para reencontrarse con los antepasados. Así, cuando los primeros cristianos comienzan a convivir con los hombres españoles del Pirineo, se encuentran con que éstos ya tienen profundas tradiciones y hablan de un Camino, de un Campo de la Estrella al cual se llega por un laberinto que es necesario recorrer para renovarse por dentro. Estas vivencias son imposibles de arrancar; lo que se hace es cristianizarlas. Hay dos Órdenes que se van a encargar de ello: la de Cluny y la del Temple, que a partir del año 1000 en adelante, se encargan de todas las construcciones, mientras que los símbolos comienzan a tomar ahora una significación en total consonancia con el cristianismo: la estrella, la concha, la pata de oca, el cuervo, el lobo, el perro, se transforman en símbolos cristianos y se adaptan a la peregrinación cristiana. Las Órdenes religiosas que traducen los símbolos para el cristianismo van a conformar verdaderas cofradías, fraternidades de constructores: los hijos del Maestro Santiago. De un Maestro Santiago que ya no se sabe muy bien si fue el que llegó en el arca, el que luchó con los moros, o si se trata sólo de un mito simbólico. Los hijos del Maestro Santiago tienen una habilidad: saben tallar sus símbolos, y otra cuestión fundamental: saben reconocerse. Cada uno de los símbolos que ellos dejan en la piedra es una firma, una fórmula de hermandad, de reconocimiento. En muchas catedrales y castillos de España se ven aún estos signos tallados en la piedra. Y la obra continúa viva…

Aún es posible revivir aquel sentido de aventura espiritual, de renovación interior que se obtenía a lo largo del Camino. Aún hay quienes sueñan con transformarse y vuelven sus pasos esperanzados hacia esos puntos de la tierra donde las energías se han conjugado para conformar un verdadero puente de unión entre los hombres y Dios. Hace falta vencer, una vez más, la mayor de las pruebas: el temor a lo desconocido. Hay que atreverse a caminar hacia el Occidente; allí donde el Sol desaparece; allí donde cada cual se reencuentra con su verdadero ser. Y el viajero queda allí, solo, y el cansancio abre puertas desconocidas ante la mente y el sentimiento; los ojos se pierden entre los petroglifos, buscando la vieja señal del hombre peregrino del Misterio, ansioso del retorno a su patria celeste.

EL COLOR COMO LENGUAJE DE LA NATURALEZA

En la literatura de todos los tiempos y en el arte medieval -por ejemplo en Notre Dame de París- se ha representado a la Naturaleza como un libro, abierto o cerrado según nuestra capacidad de interpretar su lenguaje.

Un lenguaje que para la razón es pura matemática, como diría Galileo Galilei y que para la sensibilidad es un lenguaje donde prima el color.La geometría de las formas (por ejemplo la disposición de espacios en la arquitectura) nos ubica frente a la realidad; pero es el color quien tiñe nuestra afectividad y modifica nuestro mundo emocional.

Además la primera sensación, la que primero llega a nuestra conciencia es la de la vista, y dentro de ésta, el color antes que la forma. Por ello en el marketing actual, el primer indicativo es el color: la distribución de zonas de un edificio, los tipos de combustibles que usamos para nuestro vehículo, los identificadores de un cableado eléctrico, el símbolo-color corporativo de un logotipo, etc, etc; el color es quien abre antes la puerta de nuestra sensibilidad y es por ello de vital importancia en todos los ámbitos de nuestra vida.

En el Arte Antiguo los diferentes colores indicaban la presencia de los diferentes estados (tatvas, les llamaban en la India) o vibraciones emocionales en el alma de la naturaleza; o bien formaban un código de encriptación de ocultos significados que ahora los estudios de iconografía y simbología religiosa están intentando descifrar (por ejemplo en los Jeroglíficos Egipcios); o bien un código silencioso conocido por todos, independientemente de la lengua que hablasen (como sucede en la heráldica medieval).

Tanto en el arte azteca, el budismo mahayana como en el taoísmo chino, los dioses o los estados de la naturaleza son representados por cinco colores: blanco, amarillo, rojo, verde y azul (o negro).

En la India esta misma naturaleza es representada como una cabra tricolor (rojo, blanco y negro) y cada uno de estos colores simboliza, de un modo vivo, las tres tendencias o cualidades (gunas) que rigen todo cuanto está manifestado en el mundo: Rojo es el exceso, el color pasional y creador, la cualidad rajas o activa que representa al dios Brahma; la cualidad Tamas es figurada como el color Negro, que simboliza al dios Shiva, y como tendencia significa la inercia, la destrucción, la pasividad, la quietud y la descomposición; el blanco está asociado a la cualidad satva o Vishnu, el amor y la sabiduría, el poder de conservación: esta tendencia y color, símbolo vivo de lo puro y luminoso significa la justa medida, la armonía, la acción por deber, el ritmo y el equilibrio.La misma filosofía hindú dice, como la azteca, que la vida es una galería de pinturas, de sucesión de hechos que tantas veces no podemos evitar, pero que nosotros coloreamos con estados de alma (colores) deslucidos, oscuros o vivos y luminosos. Dice también que nuestro pasado es un laberinto de imágenes inmóviles, teñidas por nuestra emotividad y que desde el inconsciente, presiona y modifica nuestra visión e interpretación del mundo.

En otros textos identifican la vida, y la naturaleza entera, como un tejido multicolor donde cada hebra -como en el mito de las Parcas griegas o las Nornas germánicas-, de un color, es uno de los hilos de nuestro destino.

Esto es en el arte, en el folklore y en la mitología; pero no sólo. Hay un componente cultural en el lenguaje y uso de los colores y cada pueblo codifica de un modo u otro el significado de estos colores: por ejemplo, el color del luto es el negro en Europa y sin embargo en China es el blanco.

Pero es evidente que cada color y matiz provoca un estado emocional y que incluso amplifica o retarda una función biológica, aumentando o disminuyendo, por ejemplo las pulsaciones cardíacas. Y esto tiene un valor universal, es un código de la naturaleza misma, no es convencional, forma parte del lenguaje de la vida, de sus leyes inmutables.

Si apuramos la metáfora, y siguiendo antiguas tradiciones herméticas y platónicas, es un lenguaje en que sus vocales son colores puros (principios de vida, alientos divinos) y las consonantes son las formas, los arquetipos de construcción que usa esta naturaleza.Cuando filósofos como Ortega y Gasset o Miguel de Unamuno dicen que cada paisaje es, en el fondo, un estado del alma es por cómo en él están tejidas las formas y los colores, y la vibración que éstas imprimen en el alma.

Hay colores que inspiran y descansan el alma, como el azul del cielo, que sugiere lo infinito; otros como el rojo excitan, son como un fuego que quema; otros que inspiran confianza como el amarillo del sol; otros como el verde, con su infinidad de matices -¿no es, en definitiva, el color de la naturaleza?- detienen en él nuestra conciencia, pero señalan un límite: Goethe en su Teoría de los Colores dice que “el ojo y el ánimo descansan en este (color) compuesto. No se quiere pasar más allá y no se puede tampoco”. Por ello, dice que este color se usa –se usaba, en su siglo, y también, aunque no sólo, ahora- en los decorados de una sala de estar.

Sabemos de la vida de una estrella por el color que presenta, los elementos químicos que en ella hay por los colores que fueron absorbidos del espectro de luz, medimos la temperatura de una llama o de un metal candente por los bellísimos colores que irradian; durante la noche priman los colores violáceos y las sombras no son sólo grises, sino que tienden, como dijo Goethe, al azul; los dedos de rosa de la aurora nos despiertan a la vida y al día como una madre amorosa; el sol sangra con sus tintes bermejos en el crepúsculo y muestra su exhuberancia, alegría y poder en la luz amarilla del mediodía; en la lejanía las montañas se tornan azules como si el color del aire fuese, precisamente azul, un color en que todo se hace serenamente distante; el blanco de las nubes es una promesa del agua que esconden y que va a fertilizar la naturaleza; las mismas flores con la geometría cónica de sus pétalos y la viveza de sus colores no sólo atraen a las abejas que las van a polinizar, sino que, según ciertos estudiosos, sirven –geometría y color- como pantallas radar que atraen con sus vibraciones (la energía asociada a las formas y a los colores) ciertos rayos cósmicos que procedentes del cielo estrellado son necesarios para la Alquimia de la Vida.

Sí, el lenguaje del color es el de la Naturaleza y también el del alma humana.

Jose Carlos Fernández

www.revistaesfinge.com

EL ESCUDO DE ALMERÍA

Escudo de almería

En 1147 tuvo lugar la conquista de Almería por Alfonso VII el Emperador. Después de tres meses de asedio por tierra y mar a la guarnición árabe de Almería, entraron triunfalmente los cristianos en la plaza. Para conmemorar la toma de Almería, Alfonso VII otorgó a la ciudad el escudo que aún ostenta, aunque en la actualidad haya ciertas reformas en él.

El escudo original, que fue diseñado por el rey, está formado por distintos atributos, como puede verse en el dibujo, alusivos todos ellos a los reinos, repúblicas, condados, etc., que contribuyeron con sus tropas y con sus naves a la conquista de Almería y como homenaje y prueba de reconocimiento perenne hacia aquellos generosos colaboradores.

En el centro, en sitio de honor y dominando todo el escudo, figura la Cruz de Génova, en gules (color rojo) sobre campo de plata, circundada dicha cruz por una orla formada por quince escudos chicos, de ellos tres de Castilla (castillo de oro sobre campo de gules); tres de Foix (águila negra sobre campo de oro); tres de León (león rampante en rojo sobre campo de plata), y tres de Cataluña (cuatro barras en rojo sobre fondo de oro).

Como particularidad remarcable haremos constar que la referida cruz de gules la habían recibido como escudo los genoveses de los condes de Barcelona, en el año 1115, como premio por la ayuda eficacísima que aquellos prestaron a las armas catalanas durante la conquista de las Baleares. Sobre el escudo de Almería figura una corona mural, en su color (siena claro, como las murallas), símbolo de ciudad murada.

A raíz de la Guerra de la Independencia, contra los franceses, le fue añadida al escudo una orla exterior y en la forma que el diseño indica, con la leyenda: MUY NOBLE, MUY LEAL Y DECIDIDA POR LA LIBERTAD CIUDAD DE ALMERÍA.

En tiempos no lejanos, se introdujeron ciertas modificaciones que, al apartarse de las reglas de la heráldica, desvirtúan en parte nuestro verdadero escudo. Se sustituyeron las cadenas de Navarra (que conmemoraban la parte activa que los navarros tomaron en aquella memorable conquista, a la que vino en persona con sus tropas el entonces monarca de aquel reino, don García Ramírez) por la granada.

 Según regla heráldica, los escudos no admiten supresiones, aunque sí aditamentos. Como tal, puede figurar la granada en la base del escudo, ya que siglos después de la primera reconquista, pasó Almería a depender del Reino de Granada; pero quizás no debieron sustituirse las cadenas de Navarra por el símbolo granadino.

 Posteriormente, se suprimió la corona mural, seguramente por tener algunas connotaciones republicanas, y al águila del ducado de Foix, que solo tenía una cabeza, le añadieron otra, convirtiéndola en bicéfala. Esta águila es la llamada “águila imperial”, que era símbolo de la casa de Austria, pero no del ducado de Foix.

 Extraído de “APUNTES DE ARQUEOLOGÍA ALMERIENSE”, de JUAN CUADRADO RUIZ

SIMBOLISMO DEL DRAGON

Los Dragones, como tantas otras bestias fabulosas y quiméricas, son fruto de la imaginación de los hombres. Creadas para plasmar la naturaleza humana (el amor, la crueldad, el valor, el miedo…) y para explicar fenómenos naturales (tormentas, sequías, inundaciones, terremotos, el ciclo del sol y de la luna…). Es tal vez por este toque fantástico que a menudo la frontera entre el mundo real y la fantasía no se distinguen.

La palabra “Dragón” viene del griego antiguo “serpiente”. Se encuentran en la mitología de muchas culturas.

En todo el mundo hay diferentes Dragones y cada uno de ellos tiene diferentes atributos. Algunos son benévolos, otros son malignos; unos vuelan, otros nadan o van por tierra; algunos tienen poderes que les confieren poderes fantásticos, otros solo dependen de su fuerza…

En el este asiático el dragón normalmente es benéfico, pero en occidente normalmente simbolizan el mal, siendo en la mayoría de los casos enormes serpientes con alas de murciélago que escupen fuego por la boca, que suelen vivir en cuevas oscuras custodiando grandes tesoros, como el Dragón Nórdico FAFNIR, que empezó siendo un enano codicioso y finalmente se convirtió en Dragón por lo que le dieron muerte. Otro gran Dragón fue LADÓN, que guardaba las manzanas de las Hespérides.

Muchos estudiosos del tema Dragón afirman que la creencia generalizada de la existencia de estos seres míticos alrededor del mundo se debe a los cráneos de dinosaurios o grandes lagartos que se han encontrado a lo largo de la historia, e incluso a huesos de otros animales como osos encontrados en grandes cuevas y cavernas. De ahí que se extendiera la creencia de la existencia de seres mágicos, ya extinguidos, que poblaron cielo, tierra  y agua hace muchos años, los cuales por su condición excepcional acabaron siendo elevados a la categoría de seres mágicos o incluso de dioses, entrando de lleno en las leyendas humanas alrededor del mundo. También ayudó a alimentar esta creencia la visión de los meteoritos cruzando el cielo nocturno y que parecían venir de mar adentro, lo cual explicaría que, a pesar de que normalmente eran seres que escupían fuego, a menudo se les relaciona con el agua.

El vuelo de los dragones
Esta teoría de los Dragones-meteoritos tiene como curiosidad la historia celta en la cual el padre del rey Arturo, Uther, adoptó el sobrenombre de PenDragón (“cabeza de dragón”) después de ver un cometa en forma de Dragón.

La capacidad para volar que los humanos les hemos dado a los dragones también podría tener relación con la visión de los cometas, ya que no todos los dragones tienen alas y a pesar de ello muchos vuelan (como los cometas, atravesando la bóveda celeste). Los dragones asiáticos deben su capacidad de vuelo a la magia o a un bulto situado en sus cabezas que les confiere poderes fantásticos. En China los dragones se suelen representar volando a través de las nubes cuando no están jugando con perlas.

Características y leyendas de dragones
En China se creía que controlaban el agua y que vivían en ella, y en ocasiones provocaban la lluvia. Los dragones celtas también se asociaban con el medio acuoso. Y la tribu de nativos americanos “seneca”, cuentan que sus dragones de fuego, los “Gaasyendietha”, viven en las aguas profundas, para no incendiar el mundo.

Los dragones chinos pueden representar la buena suerte, el trueno o la sabiduría. Los de distintos colores están asociados con cada una de las direcciones o estaciones. Es el quinto signo del zodíaco chino: la gente nacida bajo este signo se dice que es honrada y enérgica pero irascible.

Los dragones malignos (sobretodo los europeos en la edad media) se establecían cerca de los humanos y exigían sacrificios humanos, pero en muchas ocasiones eran vencidos por famosos cazadores de dragones o héroes.

El más famoso es, sin duda, San Jorge, que mató al dragón clavándole una lanza a la bestia que atemorizaba al reino y rescató a la princesa, consiguiendo así terminar con el terror del reino.



Otra leyenda similar la encontramos en África, donde la tribu de los Dausi cuenta que un Dragón llamado Vida asediaba la ciudad de Wagadoo y pedía el sacrificio de una joven al año a cambio de escupir oro por encima de la ciudad, pero un día un joven se enteró que la próxima victima tenía que ser su amada y éste decapitó a la bestia. La cabeza del dragón fue rebotando hasta la Costa de Oro, y por eso se dice que allí hay mucho oro.

Diferentes tipos de dragones alrededor del mundo

- Dragones Serpiente: Normalmente asociados a los ríos, lagos u océanos abiertos. Son entidades enormes con forma de serpiente, sin extremidades, sin alas, fácilmente reconocibles por sus cabezas de dragón, que suelen lucir cuernos y fauces de cocodrilo. Algunos ejemplos son la Serpiente de Lambton (Reino Unido), la Guivre y la Gargouille (Francia), Jormungander, la serpiente de Midgard (leyendas nórdicas), Kitchi-at´husis y la Sanguijuela Gigante (leyendas de los indios americanos nativos), el Gigante Serpiente Cartaginense (antigua Roma), el Dragón de Poseidón (antigua Grecia), el Leviatán (Cristianismo) o los Dragones Serpientes y las Ballenas Serpientes (presentes en innumerables leyendas por todo el mundo)


- Semidragones: Son criaturas a medio camino entre serpientes y los dragones tal y como los imaginamos. En este grupo encontramos a los Lindorms (de dos patas, sin alas y muy parecidos a las serpientes) y los Wyverns (con un par de patas y un par de alas, más cercanos a los dragones). Otros semidragones son el Fafnir (Dinamarca), el Dragón marino (Babilonia) o el Tatzelwurm de cuerpo de serpiente y cabeza de gato (Austria y Suiza)


- Dragones Clásicos: Se trata del clásico dragón occidental, muy representado en la heráldica medieval, generalmente representando la Némesis de los héroes de las leyendas. Suelen tener un armazón impenetrable de escamas brillantes y están dotados de cuatro poderosas patas acabadas en garras. También se destaca una cola acabada en punta de flecha y por norma general dos alas parecidas a las de los murciélagos. En este grupo encontramos en casi toda Europa, la leyenda de San  Jorge y el Dragón, el Dragón de Wantley (Reino Unido), el Bunyip (Australia), el Dragón pájaro Piasa (EEUU), el Sirrush (Babilonia), el dragoncito del Monte Pilatos (Suiza) o los dragones aun vivos de Cómodo y Nueva Guinea.


- Dragones del Cielo: Se dice que algunos de estos magníficos seres perdieron su derecho sobre la tierra o al agua, pero ganaron el dominio del aire y los cielos, moviéndose  empujados por el viento, planeando o propulsándose con magníficas alas. Algunos ejemplos son los Amphipteres y las Serpientes Aladas (Reino Unido), Mertseger la diosa egipcia que guardaba las tumbas de Tebas (Egipto),
Quetzalcoatl (México), las Deidades Dragones (China), los Pájaros cantores de la Tristeza (Japón) o las Serpientes aladas de Gales.


- Neodragones: En este grupo se engloba a aquellas bestias que sin ser estrictamente Dragones, tienen aun así, características típicas de estos animales. Es tal vez la evolución que el hombre ha hecho de estos seres a medida que pasaba el tiempo. Tenemos por ejemplo al Basilisco  y al Cockatrice que evolucionó del primero. Otro de estos seres míticos es Tarasque que originalmente vivía en Asia Menor, desovado por el mítico Basilisco, pero que termino “frecuentando” el río Ródano en Francia; y otro neodragón que de origen francés es el Peluda, cubierto de piel verde y plumas venenosas que podía lanzar a sus enemigos. La Hidra Learnaean griega, hija de Tifón y Equidna, con nueve poderosos cuellos terminados en una maligna cabeza con cuernos, es decir nueve cabezas de Dragón a los que Heracles se enfrentó. La Salamandra a pesar de ser un ser real, también tiene detrás una leyenda en la que se le confieren propiedades mágicas por su capacidad de adaptación a ambientes de altas temperaturas y los alquimistas medievales lo estudiaron con gran interés. Por último tenemos a los Cuellilargos y a los lagartos marinos, entre los cuales el más famoso es el habitante del lago Ness, Nessie, del que aun hoy en día se cuestiona si existe o no.

Dragones de Oriente


Los dragones orientales son los señores del tiempo, portadores de la lluvia, guardianes de las fuentes, ríos y lagos y símbolo del cambio. El dragón japonés es más bien un dios de los ríos o de los mares. En China, los dragones duermen en el fondo de las charcas durante el seco invierno; en primavera despiertan y adoptan la forma de las nubes cargadas de lluvia. Por eso en épocas de sequía se intentaba que despertaran los dragones y echaran a volar, y la mejor manera era molestar a dos dragones para que se pelearan hasta que las nubes de tormenta reventaran y el agua regase la tierra. Cuando luchan en el aire, provocan tormentas; cuando lo hacen en el agua, provocan inundaciones.

En oriente el Dragón  es muy poderoso pero normalmente benévolo.

Los dragones ponen huevos que tardan 3000 años en abrirse. Cuando llega el momento de la eclosión, aparece un pequeño agujero en la cáscara y de este sale una pequeña serpiente que en cuestión de pocos minutos crece hasta alcanzar el tamaño normal y se eleva hasta el cielo formando un torbellino. No tienen alas pero vuelan gracias a su magia o energía.

Los dragones orientales aparecen a menudo sosteniendo o persiguiendo una pequeña bola que representa la Luna, la Perla de la Sabiduría o el huevo que simboliza el origen de la vida. Esta bola suele aparecer rodeada de formas irregulares parecidas a las llamas que son el símbolo del rayo y del trueno.

Cuentan las leyendas que el Dragón Amarillo solo emerge cuando un hombre santo gobierna el país. Se dice que cuando Fu Hsi, el primero de los diez emperadores, llegó al trono, el Dragón Amarillo surgió de las aguas con los primeros caracteres chinos grabados en el lomo. Así desveló el secreto de la escritura al pueblo chino. En Vietnam, los dragones esculpidos en el tejado sirven como protección contra incendios. El fuego del dragón y el fuego de la tierra son opuestos; el de la tierra se sofoca con agua, pero el del dragón arde en el agua pero se apaga con el fuego de la tierra.

El dragón chino imperial tiene cinco garras. Los dragones chinos comunes y los coreanos tienen cuatro y los japoneses tres.

Dragones de Occidente
Los dragones occidentales son, en general, peligrosos, e incluso se les relaciona directamente con el demonio. También se les relaciona con el agua, pero de modo destructivo con inundaciones catastróficas a su paso. A diferencia también de los orientales han sido cazados o destruidos según las leyendas.

San Miguel se batió con el demonio dragón y lo expulsó del cielo, pero el más famoso aniquilador de dragones es San Jorge. Según la leyenda, hace unos dos mil años vivía en un lago un dragón terrorífico que exigía sacrificios humanos. Por casualidad (o por suerte) pasó lugar San Jorge por el lugar en que habían atado y abandonado a su suerte a la hija del rey para aplacar las exigencias del malvado dragón. En este punto encontramos diferentes versiones de lo que allí aconteció. La primera y tal vez la más contada es que el héroe mató al dragón clavándole una lanza y en el charco de sangre que se formó en el suelo de la mortal herida, creció un rosal de rosas rojas, símbolo del amor del santo y la princesa (en Catalunya el 23 de abril se celebra la festividad de Sant Jordi en la que las damas reciben de sus amados una rosa roja). En otra de las versiones, el joven solo hirió a la bestia para que la princesa lo amordazase con su ceñidor y lo condujese al reino, para matarlo en presencia del pueblo. Por último, en una clave más simbólica se dice que el dragón representa los miedos y debilidades del hombre y que por ello ha de dominarse y hacerse más pequeño para poder llevar a la bestia bien cerca pero siempre bajo control.
 
Según la tradición occidental, para matar a un dragón hace falta una lanza de hierro. Es muy probable que el primer hierro que conocieron los humanos procediese de meteoritos, y, puesto que estos caen desde el cielo, se creía que su origen era celestial y por tanto  contaba con el poder para destruir el mal.

A pesar de todo, no todos los dragones occidentales son malos y perversas bestias asesinas. En las leyendas Artúricas encontramos que cuando nació Uther Pendragón (el padre de Arturo), aparecieron en el cielo dos grandes dragones dorados para anunciar el nacimiento de un rey, y se utilizaron imágenes de estas magníficas bestias en escudos y estandartes. Incluso se dice que el nombre de “Pendragón” lo adoptó el propio rey Uther al ver un meteorito con forma de dragón, atravesando el cielo.

Ya en tiempos más cercanos a nosotros, la figura del dragón en occidente ha adoptado matices más benignos en el mundo de la literatura y el cine, e incluso se le ha tratado como a un ser vivo que a pesar de parecer violento a primera vista, simplemente reacciona del mismo modo que lo haría cualquier animal de la naturaleza al verse atacado.      

Elena Sabidó - www.revistaesfinge.com
Corresponsal revista Esfinge en Barcelona

EL ESTADO DE BIENESTAR

Vivimos en un mundo en el que el bienestar se ha convertido en el primer artículo de consumo. Al menos, es lo que sucede en los países llamados desarrollados. La publicidad nos acosa desde todos los rincones ofreciéndonos mejores posibilidades de vida en todos los aspectos: físico, emotivo e intelectual, e invitando a la gente a buscar en esa comodidad la fuente de toda dicha.
El estado de bienestar

No es extraño que para muchos esa búsqueda se convierta en el motivo de su existencia. El bienestar general es el que evita todos los problemas y aleja todos los dolores.

Sin embargo, la vida cotidiana y real nos muestra un panorama bien diferente. Buscar el bienestar es una carrera sin fin porque cuando se cree haber hallado algo, surgen nuevas y perentorias exigencias que obligan a más y más cosas. Así, el bienestar se aleja y se vuelve una meta inalcanzable, aunque deseable.

En el plano material, obtener beneficios y posesiones es como beber de un agua que da más sed en lugar de calmarla. Nadie se siente satisfecho Con lo que tiene porque todo el sistema propagandístico está montado de modo que haya que acrecentar los bienes para sentirse mejor. Las falsas necesidades se llevan toda la energía, mientras la gente sueña con el instante en que, por fin, tendrá todo lo que espera.

En el plano psicológico, el deseo de bienestar suele manifestarse como una huida de toda preocupación, de todo compromiso. Se pretende una tranquilidad que se demora en aparecer porque la vida está llena de esas aparentes zozobras, que no son otra cosa que pruebas para adiestrarnos precisamente en el arte de vivir. Cuanto más se quiere no sufrir, más se sufre. Cuanto más se trata de alejarse de las turbulencias emocionales, éstas acosan con más fuerza al incauto que las repele. Nadie quiere aprender a dominar las turbulencias, sino encontrar un camino que esté libre de ellas. Es como desear un río sin corriente, un mar sin olas, una cumbre montañosa sin vientos. Tampoco se trata de frenar las corrientes, las olas o los vientos, sino de aprender a vivir con ellos, a usar la inteligencia para compartir nuestra existencia con esos fenómenos naturales de los que, hábilmente, podemos protegernos pero no escapar, aprovecharlos sin huir.

En el plano mental, el bienestar es el no pensar. Las ideas molestan porque vienen cargadas de preguntas. Y cuando las preguntas se quedan sin respuestas, llega la angustia. Así, es mejor que otros piensen por uno y que uno se remita a dejarse llevar por esquemas prefabricados, por corrientes de opinión que suelen resultar bastante más peligrosas que las corrientes de los ríos, las olas y los vientos.

En síntesis, el concepto usual de bienestar se ha convertido en sinónimo de molicie, en una pereza que gana a la persona entera en todos sus aspectos y la vuelve inútil e incompetente para vivir sin las muletas cada vez más numerosas que reflejan una satisfacción cada vez más lejana.

¿Por  qué el deseo de bienestar es una muestra de carencia? En principio, porque todo deseo indica lo que no tenemos; jamás deseamos lo que ya es nuestro. Es decir, que carecemos de bienestar. Como hemos visto antes, solemos buscarle por camino equivocados, pero lo cierto es que no lo tenemos.

¿Por qué es una señal de debilidad?  Porque falta seguridad en uno mismo, porque hacen falta soportes externos a la personalidad para sentirse firmes, porque no suele haber valor para encontrarse con uno mismo y antes de descubrirse por dentro es mejor propiciar el vacío interior. Porque sin ese vacío y sin los soportes artificiales, no hay posibilidad de recorrer el complejo pero interesante sendero de la vida.

El que busque apasionadamente, desesperadamente, un bienestar que está fuera de uno mismo, entrará en un laberinto de difícil salida, tanto, que puede pasarse toda una existencia surcando vías erróneas que conducen a otras más equivocadas todavía. El que se halla en esta situación, siempre vivirá dependiendo de las personas y las circunstancias; será tan feliz como se lo permitan las personas con las que convive y tendrá tantas o tan pocas satisfacciones como lo dicten las circunstancias.

La base de todo bienestar parte del alma que, al decir del profesor Livraga, «no desea bienestar porque es naturalmente bienaventurada». Esto no significa que el cuerpo no necesite de determinadas cotas de salud, reposo, alimentación, o que la psiquis no requiera una serenidad como para acceder a sentimientos superiores, o que la mente deba superar sus dudas y vacío adquiriendo certezas. Pero nada de esto se consigue si no se parte desde adentro hacia afuera. «Adentro» es el alma -donde radica por ahora nuestra conciencia en el mejor de los casos- y el alma sabe lo que necesita, siempre que no esté asfixiada o relegada por las exigencias de la materia. Hay que buscar en el alma la medida de nuestro bienestar, porque el alma, en estado natural, es la fuente de todo bienestar. Y entiéndase por «natural» el estado primigenio, perdido y recuperado conscientemente por medio del esfuerzo evolutivo; la naturalidad de hoy es el fruto de la conquista humana en el retorno a sus fuentes espirituales.

Sabiendo dónde hallar el bienestar, hay que saber buscarlo y tener presente que toda búsqueda implica un trabajo. Que nadie pueda decir de nosotros que no hemos sabido o no hemos querido trabajar para llegar a nuestra alma. Saber, sabemos dónde reside. Trabajar para encontrarla es abrirse paso entre las falsas promesas de bienestar y comodidad paralizante hasta darle al alma el sitio que le corresponde. Hasta que sea ella quien se exprese a través de nosotros en lugar de las sensaciones e impulsos meramente animales.
Y por fin, recordar que una vida dedicada a causas nobles aunque no exentas de dificultades, nos puede proporcionar la verdadera felicidad, sin tensiones ni ansiedades; esa felicidad es el efecto de una causa justa.